Polìtica

Luis Majul: «¿Por qué hablamos todo el tiempo de Cristina Kirchner?»


Luis Majul: «¿Por qué hablamos todo el tiempo de Cristina Kirchner?» – LA NACION

  • Tengo tres temas para proponer. Uno es la respuesta a la pregunta de si Cristina Fernández es corrupta o ladrona. El segundo es una explicación de por qué nos pasamos hablando todo el tiempo de ella. Y el tercero es sobre qué hubiera dicho o hecho la oposición si Facundo Astudillo Castro hubiera desaparecido bajo el mandato de María Eugenia Vidal en la provincia y con Mauricio Macri como presidente.
  • Vamos, entonces, por partes. ¿Cristina es corrupta y ladrona o es un invento de los medios, una fantasía, una construcción irreal?
  • Ayer, en un programa de televisión de una señal de noticias un colega le preguntó a otro, palabra más, palabra menos, si daba por sentado que la vicepresidenta en ejercicio era corrupta o ladrona. El interrogante vino con trampa, porque su interlocutor no estaba en condiciones de responderlo. Así tan taxativamente. Ni su interlocutor, ni nadie podrían hacerlo.

  • O mejor dicho, nadie que no sea alguno de los jueces que la procesaron. Enseguida, con la respuesta cantada, el colega le repreguntó a su compañero si entonces el voto que determinó la victoria del Frente de Todos no tenía ningún valor. Es decir, si la mayoría de los argentinos no la creía inocente. Como su colega no es experto en cuestiones legales o políticas, se sacó de encima el asunto y pasaron a otro tema.
  • Las respuestas correctas, para las dos preguntas del periodista que, dicho sea de paso, cubre información en Casa de Gobierno, son las siguientes:
  • Cristina Fernández está procesada en una decena de causas. En 4 de ellas aparece como jefa de una asociación ilícita. Eso significa que los fiscales y jueces que la investigaron, entonces, tienen pruebas para considerarla responsable del delito de corrupción. Solo una de esas causas, por ahora, pasó a un tribunal oral. Avanza a paso de tortuga. En ninguno de los juicios hay condena firme todavía. A ciertos comentaristas les encanta decir que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Es cierto, pero también es verdad que, en el caso de la vicepresidenta, también es evidente que el grado de sospecha sobre su responsabilidad es alto. Muy alto.

  • Por lo que sospechar sobre la posibilidad de que sea culpable no debe sorprender a nadie. La segunda respuesta a la pregunta del periodista es política, pero legal también: el hecho de que el Frente de Todos haya ganado las elecciones no significa que la hayan absuelto. Es más: aunque las hubiera ganado con el 80 por ciento de los votos podría seguir siendo culpable, corrupta o jefa de una asociación ilícita. Los votos no sirven ni para indultar, ni para absolver a nadie.
  • También podríamos hablar sobre la teoría tan repetida que dice, que quien armó el esquema de corrupción fue Néstor Kirchner y que la vicepresidenta nunca supo de su envergadura hasta que él murió. De haber sido así, Cristina tuvo tiempo de admitirlo y mejorar su situación procesal. Pero no lo hizo.
  • Toda esta explicación también sirve para responder a la pregunta que nos hacen, sobre todo, cristinistas, kirchneristas y albertistas, massistas y lavagnistas, peronistas todos ellos. La pregunta dice más o menos así: ¿Por qué te la pasás todo el tiempo hablando de Cristina? ¿Tenés una obsesión con Cristina? ¿Algún complejo no resuelto? ¿Acaso la odias?

  • Nunca me obsesioné, ni siquiera de niño, con ninguna persona. Con lo único que soy obsesivo es con el trabajo y los proyectos que me gustan. Complejos debo tener muchos, pero ninguno tiene que ver con la vicepresidenta. No la odio. No odio a nadie.
  • Al contrario, valoro la capacidad política de Cristina Fernández. Reconozco que transformó el apoyo de sus seguidores en casi una religión. Admiro también su capacidad de organizar y usar en su provecho a los chicos grandes de La Cámpora.
  • Tampoco subestimo su habilidad para reclutar todo tipo de dirigentes: muchos de ellos impresentables y muy violentos; otros inteligentes y obedientes. Los segundos aparecen en segundo plano y con un perfil más bajo, pero siempre le terminan sirviendo para sus deseos más personales.
  • La respuesta final de por qué hablamos mucho tiempo de o sobre Cristina es porque ella produce mucha información.
  • Demos vuelta el razonamiento solo por unos segundos: ¿Se puede hablar del intento de reforma judicial y de ampliación de la Corte sin hablar de ella? ¿Se puede hablar del Gobierno sin hablar de ella? ¿Se puede hablar de la cantidad de presos que salieron desde el inicio de la pandemia (4500 al día de hoy) sin hablar de ella?

  • ¿Se puede hablar de Sergio Berni y la inseguridad sin hablar de ella? ¿Se puede hablar de la economía, de la pobreza, de la deuda, sin hablar de ella; cuando fue ella la que gobernó, de 2007 hasta 2015 sin interrupciones y después de un primer mandato de cuatro años de Néstor Kirchner, quien fue su compañero de la política durante toda la vida de ambos?
  • El tercer asunto que quiero tratar aquí es: ¿Qué hubiera pasado si Facundo Astudillo Castro hubiera desaparecido mientras gobernaban Macri y María Eugenia Vidal?
  • Lo planteo porque la desaparición de Santiago Maldonado tuvo un nivel de difusión enorme. Pero esa impresionante visibilidad, también vino acompañada por información sesgada, utilizada para esmerilar al expresidente y a la ministra Patricia Bullrich. Datos que, al final, no pudieron ser comprobados. O, para ser más precisos: que desmintieron la hipótesis de quienes llevaron su causa como bandera, planteando que se había tratado de una desaparición forzada, producto de la sangrienta represión de los gendarmes.

  • Hoy se cumplen tres meses de la desaparición de Facundo Astudillo Castro. Facundo tiene 22 años. El 30 de abril pasado partió desde Pedro Luro hacia Bahía Blanca. La última imagen de Facundo es una en la que aparece detenido, al lado de un patrullero, con un policía de la localidad Mayor Buratovich.
  • La mamá de Facundo, Cristina Castro, cree que efectivos de la policía bonaerense hicieron desaparecer a su hijo. Hoy vamos a hablar con ella. Pero fíjense la enorme diferencia entre uno y otro caso. Y no hablamos solo del silencio ni la poca energía con el que toman las autoridades competentes la desaparición de Facundo Astudillo Castro.
  • No solo hablamos de la militancia y de quienes asumieron la desaparición de Santiago Maldonado como uno de los asuntos cruciales de sus vidas. Hablamos de los medios, de nuestros colegas. Y hablamos también de nosotros.
  • Porque nosotros no somos como ellos. No acusamos a nadie sin pruebas. No damos por sentados los hechos, hasta que se confirman. Así que no nos hablen de grieta, ni de la militancia antigrieta, ni de Corea del centro.
  • Porque Corea del centro no existe.

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