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Las preguntas urgentes que se hace la comunidad científica


La comunidad científica preocupada por el coronavirus Fuente: AFP

GINEBRA.- Alrededor del mundo y de sol a sol, los científicos están tratando de desentrañar lo que hay que hacer para frenar la emergencia sanitaria global desatada por el nuevo coronavirus. Mientras el brote se acelera y propaga, decenas de países despliegan medidas cada vez más restrictivas para intentar contener la epidemia. Casi a la misma velocidad, y en un esfuerzo titánico, una red internacional de investigadores que trabajan tanto en laboratorios húmedos como en laboratorios de datos empezó a reunir y analizar información para desenmascarar y entender esta nueva y desconcertante enfermedad.

Por su magnitud, escala y velocidad, el 2019-nCoV es un problema demasiado grande para ser resuelto por un solo equipo. Ayer, China registró el mayor aumento de muertes en un mismo día, 103, empujando a 1011 el total de víctimas en todo el mundo, con más de 40.500 personas infectadas en cuatro continentes. El martes, me reuniré con mis colegas científicos en la sede central de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para juntar, como si fuese un gigantesco rompecabezas, todas las piezas con las que contamos hasta el momento.

Tenemos que hacernos una idea clara del mecanismo de contagio y llenar las lagunas de nuestros conocimientos sobre la enfermedad, para que las decisiones de salud pública que afectan a millones de personas se tomen en base a información verificada. La ciencia juega un papel crucial en el restablecimiento de la calma en la población.

Empecemos por lo que sí sabemos. El nuevo coronavirus es primo cercano de los virus que infectan a los murciélagos. Saltó de una fuente no confirmada (muy probablemente un murciélago) hacia un huésped intermedio, tal vez los pangolines o algún otro pequeño mamífero de los que se venden para consumo en los mercados de Wuhan, ciudad que funciona como polo comercial y de transporte de China. Sin saberlo y sin manifestar todavía síntomas, las personas infectadas le transmitieron el virus a otras personas, dando con eso inicio al letal derrotero del brote. Ahora se estima que los síntomas de la infección tardan unos 5 o 6 días en manifestarse, plazo que podría extenderse hasta dos semanas.

¿Qué es lo siguiente que hay que saber? Para los epidemiólogos que rastrean las enfermedades infectocontagiosas, la preocupación más acuciante es cómo estimar la mortalidad de la enfermedad y quiénes son susceptibles de contraerla, obtener información detallada sobre su mecanismo de contagio y evaluar el éxito de las medidas de control tomadas hasta el momento.


El virus se propaga por china
El virus se propaga por china Fuente: Reuters

La primera pregunta por responder es el «iceberg clínico» de la enfermedad: ¿cuánto hay escondido bajo la superficie? Como el brote está evolucionando en tiempo real, todavía no vemos a la totalidad de los infectados. Fuera de nuestro campo visual hay una porción de infectados con síntomas leves o directamente asintomáticos, que nadie sabe que están enfermos.

Que exista una flota de portadores invisibles parece un panorama ominoso, pero una cifra oculta muy elevada significaría, de hecho, que la proporción de los infectados que está muriendo es más baja de lo que parece. Por lo general, una simple cuenta matemática alcanza para determinar esa «tasa de mortalidad»: se divide el total de muertos por el total de personas infectadas. Sin embargo, en una epidemia que recién empieza, esos dos números fluctúan todo el tiempo, y a veces a diferentes velocidades. En ese caso, esa división simple se vuelve imposible y su resultado será invariablemente equivocado.

Grupos de riesgo

Además de saber el nivel de severidad o mortalidad de la enfermedad, es igualmente importante descular su susceptibilidad, o sea, quiénes tienen más riesgo de contraerla. Hasta el momento los datos indican que los grupos de riesgo son los adultos mayores, los obesos y las personas con enfermedades subyacentes. Hay pocos casos de chicos infectados. Pero ¿son inmunes o no manifiestan síntomas? Y en tanto portadores asintomáticos, ¿pueden infectar a otros? Para saberlo tenemos que estudiar a los menores de 18 años y la respuesta podría ayudarnos a afinar las medidas de salud pública, como por ejemplo decidir si tiene sentido que las escuelas de China y Hong Kong sigan cerradas.

También debemos saber más sobre el modo en que el coronavirus se contagia entre personas. Aunque el brote parece seguir escalando, creemos que la rápida -y por momentos necesariamente draconiana- respuesta de los gobiernos y las autoridades sanitarias ayudó a contener su propagación. Ya estamos trabajando para cuantificar la efectividad de la respuesta.

Si bien nuestras primeras estimaciones muestran que típicamente cada persona infectada le contagia el coronavirus a otras 2 o 2,5 personas más, todavía es muy pronto para saber si las medidas tomadas redujeron ese número por debajo del umbral crítico de 1 a 1.

Simultáneamente, estamos alertas a la manifestación de un nuevo brote en cualquier parte del mundo. Hasta el lunes, la mayor concentración de infectados en un mismo lugar fuera de China continental era en el crucero Diamond Princess, con más de 130 enfermos a bordo, en cuarentena en el puerto japonés de Yokohama.

Finalmente, los científicos tenemos que evaluar la efectividad de las medidas de control y distanciamiento social desplegadas desde el inicio del brote. El desafío implica intentar cuantificar cuántos contagios se impidieron realmente a través de medidas como el uso de barbijos, el cierre de escuelas y el bloqueo de ciudades. Un modo posible de abordar esa evaluación en China es usando los datos de ubicación que guardan los celulares.

El objetivo es mantenernos siempre un par de pasos delante de la curva epidémica. Ya vi brotes epidémicos que batieron récords en el pasado y vi la capacidad de reacción que tiene el mundo. Si cada uno cumple con su rol y estamos alertas, entonces sin duda también derrotaremos al nuevo coronavirus.

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