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La madre de Greta Thunberg revela la infancia traumática de la activista


La familia Thunberg pasó por momentos oscuros, cuando salieron a la luz los trastornos que sufrían Greta y su hermana Fuente: AFP

«Ella era el niño, nosotros el emperador. Y todos estábamos desnudos». Con esta alusión al clásico relato de Hans Christian Andersen, la madre de
Greta Thunberg describe el despertar de su hija a la realidad del
calentamiento global en un nuevo libro que relata la transición de Greta desde adolescente acosada por sus compañeros a
afamada activista climática.

Nuestra casa está ardiendo. Historia de una familia y un planeta en crisis -editado en español por Lumen- lleva la firma de los cuatro integrantes de la familia
Greta, su hermana Beata y sus padres, Malena Ernman y Svante Thunberg, pero
el extracto publicado en
The Guardian está enteramente en la voz de Ernman, cantante de ópera y autora de otro libro sobre su familia,
Escenas desde el corazón, publicado en 2018.


«Cuando tu casa está ardiendo y quieres evitar que se desplome, es mejor un poco de pánico», dijo la activista al Parlamento Europeo Fuente: Reuters

El
título del libro hace referencia a un
discurso que Greta dio en el Parlamento Europeo en abril del año pasado. «Muchos políticos me dijeron que entrar en pánico no ayuda. Estoy de acuerdo, pero
cuando tu casa está ardiendo y quieres evitar que se desplome, es mejor un poco de pánico«, dijo la joven sueca en esa ocasión, dando lugar a un slogan que recorrió el mundo entero en tuits y pancartas.

En el fragmento publicado, Ernman cuenta
los oscuros momentos que vivió la familia cuando la
salud mental de Greta -que tiene síndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y está en el rango del espectro autista- empezó a deteriorarse hacia fines de 2014: «Dejó de tocar el piano. Dejó de reírse. Dejó de hablar. Y dejó de comer», escribe Ernman. En el camino, surgieron problemas con Beata, que fue diagnosticada con TOC y elementos de Asperger, entre otros desórdenes. La recuperación de ambas hermanas fue ardua y, en el camino, Greta empezó a confesar los incontables acosos que sufría a manos de sus compañeros, que
la burlaban y maltrataban por su «comportamiento extraño».


Greta mira a Trump durante una conferencia de prensa en las Naciones Unidas; el presidente de EE.UU. suele criticarla en Twitter
Greta mira a Trump durante una conferencia de prensa en las Naciones Unidas; el presidente de EE.UU. suele criticarla en Twitter

Aproximadamente un año después, tras superar el ojo de la tormenta, un video acerca de la
contaminación de los océanos despertó en Greta el interés por el cambio climático. «Era como si pudiera ver nuestras emisiones de CO2 a simple vista. El abismo invisible, sin color, olor ni sonido, que nuestra generación eligió ignorar», relata Ernman, que luego pasa a contar los preparativos y detalles del

primer día de la Huelga Escolar por el Clima, el 20 de agosto de 2018.

Ernman describe cómo
el movimiento de Greta creció y creció, cómo fue acosada nuevamente, pero esta vez no por otros adolescentes sino por adultos anónimos que llegaron hasta mandarle excremento de perro por correo. En esta historia hay un momento singular que no pasa por alto:
el momento en el que Greta estuvo cerca de rendirse.

Hacía días que la joven activista se acercaba con su modesto cartel al parlamento sueco para llevar a cabo sus silenciosas protestas. Frente al edificio gubernamental, los periodistas se acumulaban para entrevistarla. Svante,
su padre, iba siempre que podía a ver cómo estaba y en una oportunidad la encontró tensa y estresada. Le pide a los periodistas que esperen y la aleja de ellos. Le ofrece volver a casa.

«No tienes que hacer nada de esto. Olvidémoslo y salgamos de acá», le dice a su hija. Pero Greta no quiere volver, cuenta Ernman. Se queda quieta, respira, da unos pasos y se desprende «del miedo y el pánico que carga consigo desde que tiene memoria», en palabras de su madre. Greta aún no dio su
discurso en Naciones Unidas, aún no fue
oída por líderes mundiales, aún no vio su movimiento
expandirse alrededor del globo. Lo mira a su padre y le dice: «No, voy a hacerlo».

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