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La estrategia china contra el coronavirus, difícil de replicar en otros países


Una pareja con barbijos en un shopping de Pekín Fuente: AP

PEKÍN.- El mundo juzgó en principio la gestión


china

contra el coronavirus como

calamitosa

, otro Chernobyl; un sistema sanitario que se derrumba a ojos vista, la pérdida de legitimación de un gobierno al que se le avecinaba otro Tiananmen

. Y la cuarentena, la más audaz de sus medidas, como un atentado contra los derechos humanos

, ineficaz en el mejor de los casos y contraproducente en el más probable. Pero hoy los gobiernos se preguntan si pueden

replicar la fórmula china

.

Ocurre que el coronavirus ya no es un problema ajeno y que su expansión aconseja despojarse de prejuicios.

China monopoliza el 90% de los contagios globales, pero hace ya dos semanas que suma menos casos que el resto del mundo.

Ayer bajaba por primera vez del centenar de casos: 74 en la provincia de Hubei, y de los restantes 25, todos a excepción de uno eran importados.

Antes se suspendían vuelos con China, ahora China tiene que blindarse frente al mundo.

El informe de 13 expertos internacionales que visitaron los principales focos de infección en China es rotundo. «China ejecutó probablemente

el esfuerzo de contención de enfermedad más ágil, agresivo y ambicioso de la historia

«, afirma.

La buena noticia es que

las cuarentenas draconianas se demostraron útiles

; la mala, que

es difícil que confluyan los ingredientes que la posibilitaron en China: un sistema de control cercano a la distopía orwelliana y, sobre todo, una sociedad de raíz confuciana que prioriza el bien común sobre los intereses individuales.

Las cíclicas movilizaciones sociales en China sirven tanto para desvaríos como la Revolución Cultural como para defenderse de un virus, pero siempre exigen un sacrificio personal y estigmatizan a los tibios. Más de 60 millones en la provincia de Hubei permanecen en una cuarentena desquiciante, con su cotidianeidad reducida a las paredes de sus casas. Los estudios revelan

ansiedad en el 42% de los ciudadanos, depresión en el 16% y cuadros habituales de insomnio o cambios de humor.


Trabajadores con barbijos en un taller textil de Pekín
Trabajadores con barbijos en un taller textil de Pekín Fuente: AP

Testimonios

Javier Telletxea, un español atrapado en Hubei, describe un furtivo y nocturno paseo como

«brutal, fascinante, excitante»

. Fueron unos minutos y no se alejó más que unos metros de casa, pero era la primera vez que pisaba la calle en una semana. Subraya el

envío a domicilio de víveres y máscaras,

la colaboración ciudadana y el apoyo de las autoridades. «Solo pasamos algo de miedo al principio. Después comprendimos que si seguíamos las instrucciones todo iría bien», señala por teléfono. En China

no existen esos debates sobre los límites entre la urgencia sanitaria y los derechos civiles.

Los videos de manifestaciones en


Italia

contra las cuarentenas dejaron a los chinos estupefactos:

¿qué son dos semanas de reclusión cuando está en juego la salud de los vecinos?

Los mecanismos de control social que aceitó el gobierno en los últimos años se revelaron como un aliado imprescindible contra el virus. No es fácil fiscalizar los movimientos de 1400 millones de habitantes, pero

a Pekín le sobra entrenamiento

. China cuenta con

350 millones de cámaras, una por cada cuatro habitantes

. Ocho de las diez ciudades con más cámaras del mundo son chinas y Wuhan, el epicentro de la epidemia, es la octava. Las cámaras cuentan ya con

mecanismos para identificar personas, incluso con máscaras, y medirles la temperatura a distancia.

La práctica desaparición del dinero en metálico y su relevo por el teléfono como método de pago permite al gobierno

trazar los pasos de sus ciudadanos

. Ahora también les sirven a estos para que, introduciendo su número de identidad en las aplicaciones de WeChat o Alipay, conozcan

si estuvieron en lugares sensibles o si se cruzaron con contagiados

.

El sistema devuelve un sello: si es

verde

, puede moverse con libertad en transportes públicos y edificios; si es

amarillo

, necesita una cuarentena de una semana, y si es

rojo

, será de 14 días. Las restricciones son supervisadas con celo por los funcionarios y comités vecinales. Tampoco debatieron los chinos los límites entre la seguridad y la privacidad: son formas diferentes de entender al individuo y la sociedad. La alianza quedó fortalecida tras compartir trinchera contra el coronavirus.

No es probable que el mundo deba enfrentarse a un cuadro tan dramático como el que justificó las paquidérmicas cuarentenas en China. Bastarán medidas menos lesivas, como el cierre de escuelas o la cancelación de eventos masivos, para que el número de contagios se reduzca significativamente en las siguientes semanas. El problema, alertan, radica en los países que no tomen ninguna medida.

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