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Impacto: el coronavirus deja un campo minado para la política global


Fuente: Reuters

PARÍS.- Lo más agobiante de la actual epidemia de

coronavirus

es la

incertidumbre

que siembra. Expertos sanitarios, economistas y políticos se plantean una y otra vez las mismas preguntas: ¿hasta dónde se extenderá? ¿Cuánto tiempo durará? ¿Cuál será el número de muertos? Algo es seguro, sin embargo: el

Covid-19

se ha convertido en un auténtico termómetro democrático.

Desde que apareció en China, en diciembre pasado, el virus ya alcanzó más de 90 países, infectó a más de 105.000 personas y mató a unas 3500. En el planeta, cerca de 300 millones de chicos podrían dejar la escuela como medida preventiva para evitar contagios. La pérdida para las compañías aéreas ha sido estimada en 100.000 millones de dólares y probablemente haya más complicaciones para empresas de todo tipo.

Si continúa con su avance, las consecuencias económicas globales de la enfermedad podrían ser calamitosas: drástico derrumbe de la oferta y la demanda, crecimiento nulo, multiplicación de países en recesión, explosión del desempleo y crisis social mayor, con incalculables consecuencias políticas.

«Nuestra civilización podría sumergirse en el colmo del individualismo y la lucha salvaje por la supervivencia. Un camino non stop hacia la dictadura», advierte el politólogo Jacques Attali.

Esas proyecciones dibujan un campo minado para los políticos de todo el planeta. Todos saben que la primera responsabilidad de un Estado es salvaguardar la seguridad de sus ciudadanos. Los gobiernos no pueden ser acusados por los estragos de un virus, pero la forma en que responden ante la crisis será rigurosamente observada. Y en el mundo de las redes sociales, la percepción cuenta más que la realidad.

Hacer lo correcto en tales circunstancias no es fácil. La línea divisoria entre precaución y alimentar el pánico es tenue. Por eso, la mejor arma que tienen es la honestidad.

Experiencias anteriores demuestran que los ciudadanos están perfectamente preparados para hacer frente a las catástrofes naturales, pero que también pretenden de sus líderes políticos que manifiesten coraje, competencia y, sobre todo, transparencia.

La actual crisis desatada por el Covid-19 demostró, por último, que los virus no respetan fronteras. El brote se originó en China, pero se expandió con fuerza a los cercanos Japón y Corea del Sur; a Irán, en Medio Oriente; a Europa, con Italia como principal foco, y a Estados Unidos y América Latina, donde hay cada vez más países con casos. Una buena lección para la nueva generación de líderes populistas que persisten en levantar muros y alambrados antiinmigración.

El alcance global del nuevo coronavirus es la elocuente expresión de un hecho sin vuelta atrás: todos dependemos de todos y navegamos a bordo del mismo barco.

El alcance mundial de la epidemia

La expansión sin pausa del nuevo coronavirus afecta a gobiernos de varios países

Italia

ROMA.- En los primeros días de la emergencia por el coronavirus hubo una milagrosa tregua en la siempre agitada política italiana. Poco después, y cuando aún no se tenía la verdadera dimensión del drama, el líder de la derechista Liga, Matteo Salvini, intentó usar la crisis como arma política. Salió a pedir la renuncia de su gran enemigo, el primer ministro, Giuseppe Conte, de quien fue vicepremier en el anterior gobierno, culpándolo de no haber puesto en marcha antes, en enero, el cierre de las fronteras para quienes provenían de China. Exigió su renuncia por no haber cuidado la salud de los italianos y por haber paralizado con sus medidas el norte del país -territorio dominado por la Liga-, con cientos de empresas que bajaron sus persianas por la cuarentena. Hasta planteó la posibilidad de destronar al frágil gobierno de coalición entre el Partido Democrático y el Movimiento Cinco Estrellas. Pero con el correr de los días y el aumento exponencial de casos, su actitud cambió. Hábil y populista, Salvini entendió que es tiempo de unidad en medio de la epidemia de Covid-19.ß

Elisabetta Piqué

China

PEKÍN.- En los primeros días del coronavirus las autoridades chinas cometieron varios despropósitos: minimizaron la gravedad, apiñaron a 40.000 comensales en un espacio cerrado, permitieron el éxodo masivo de Wuhan en las horas previas a la cuarentena y castigaron a los médicos que alertaron de la epidemia. La certeza de que la ineptitud humana había aceitado la propagación del virus desató una ola de indignación que alcanzó su cénit con la muerte del doctor Li Wenliang. Pekín tomó las riendas. Purgó a las autoridades sanitarias y políticas, envió a funcionarios de confianza y el presidente Xi Jinping declaró una «guerra popular». El comité central del Politburó, que se reunía con frecuencia anual, se convoca cada semana. La información fluye sin pausa desde entonces y las medidas drásticas limitaron la epidemia en un plazo que sorprenden a los expertos. China ya ofrece ayuda a los países más afectados: 250.000 máscaras y 5000 kits de detención enviados a Irán o medio millón de máscaras llegadas a la ciudad surcoreana de Daegu.

Adrián Foncillas

Unión Europea

PARÍS.- Las democracias europeas se encuentran enfrentadas a los embates de la extrema derecha, y los populistas continentales, dispuestos a sacar partido de la crisis del Covid-19. Desde la francesa Marine Le Pen, presidenta del ultraderechista Reunión Nacional, pasando por la extrema derecha en Alemania, España e Italia, todos exigen el cierre de fronteras y la suspensión de los acuerdos de Schengen, que establecen la libre circulación de personas. Según afirman, el ingreso de migrantes ilegales es la principal causa del avance imparable del virus. La mayor parte de los responsables del bloque están decididos, sin embargo, a respetar la libre circulación y orientan sus esfuerzos a evitar el pánico, mantener informada a la población, divulgar en la forma más seria las consignas necesarias y, sobre todo, prepararse para la eventualidad de una crisis mayor. Por el momento, la estrategia da sus frutos. Según un reciente sondeo, el 65% de los franceses se declaran «bien informados» sobre la situación y solo 48% se sienten «inquietos».

Luisa Corradini

EE.UU.

WASHINGTON.- El eventual impacto político del coronavirus en Estados Unidos quedó resumido en una frase de un informe del banco de inversión Goldman Sachs: «Si la epidemia del Covid-19 afecta el crecimiento económico de Estados Unidos, puede aumentar la probabilidad de una victoria de los demócratas en la elección de 2020». Ante ese panorama, la Casa Blanca quedó bajo una enorme presión para contener la crisis. Los pronósticos coinciden en que el método más eficaz para evitar un contagio mayor en la actividad es frenar la epidemia. Pero el gobierno de Donald Trump quedó tapado de críticas por su demora para afrontar la crisis, y dio un mensaje errático y contradictorio al intentar sembrar la noción de que el brote está «contenido» cuando los casos se multiplican y las autoridades estatales, locales, y sanitarias denuncian que les faltan kits para diagnosticar a las personas con síntomas. Hasta ahora el avance político de Trump había sido inmune a todo, salvo, quizá, a la epidemia de coronavirus.

Rafael Mathus Ruiz

Brasil

RÍO DE JANEIRO.- El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, es por ahora inmune a cualquier impacto político por el brote de coronavirus. El gobierno se mostró proactivo en el seguimiento de la enfermedad, a través del despliegue de medidas preventivas y de la conformación de un comité de emergencia semanas antes de que fuera confirmado el primer caso en América Latina, el 26 de febrero en San Pablo. El ultraderechista adoptó un tono reservado y entregó el protagonismo a Luiz Henrique Mandetta, ministro de Salud, que diariamente reportó la evolución de los casos positivos y sospechosos. Aunque no será inmediato, el principal dolor de cabeza del gobierno brasileño se perfila por estas horas más económico que sanitario. Brasil se prepara para recortar la previsión de crecimiento debido al cóctel de un crecimiento del PBI inferior al previsto en 2019, sumado a la desaceleración global generada por el brote. Otro año de frustración podría dejar al presidente expuesto ante los brasileños, inquietos por la demora en el despegue.

Marcelo Silva de Sousa

Chile

SANTIAGO, Chile.- En medio del aumento de protestas durante marzo, el gobierno de Sebastián Piñera monitorea la propagación de la epidemia a partir de varios frentes: desde el sistema de contención que implementó en todo el territorio hasta la incidencia de la enfermedad en medio de un contexto político y social convulsionado. En ese sentido, la principal preocupación política tiene que ver con la normal realización del referéndum del próximo 26 de abril que definirá si se reforma la Constitución y el mecanismo para redactarla. «Me preocupa la convocatoria al plebiscito por el coronavirus», dijo el ministro de Salud, Jaime Mañalich. «Más que un problema sanitario, será un problema político», adelantó el funcionario. La declaración generó un sinnúmero de reacciones por parte de sindicatos y organizaciones sociales, quienes plantearon que la enfermedad podría utilizarse como excusa para prohibir las concentraciones de gente, restringir la libertad de movimiento y disminuir la participación en el proceso electoral.

Víctor García

Ecuador

CARACAS.- El presidente Lenín Moreno no lo dudó ni un segundo y apartó la cara cuando una mujer se aprestaba a saludarlo con un beso en la mejilla, al finalizar un acto con fuerzas policiales. Hay que dar ejemplo, sobre todo cuando la oposición liderada por el expresidente Rafael Correa ataca duramente cualquier decisión del gobierno. Los dirigentes de la Revolución Ciudadana usaron cada iniciativa gubernamental para descomprimir la presión que recayó sobre su líder en el juicio que se sigue contra él y contra unos 20 de sus colaboradores. El fiscal pide ocho años de cárcel para Correa, que no compareció en Quito y que permanece en Europa para eludir la acción de la Justicia. En cambio, la oposición a la derecha de Moreno optó por la prudencia, «para cuidarnos los unos a los otros», destacó el conservador Guillermo Lasso. La sociedad ecuatoriana mezcla cierto miedo por los 13 casos de Covid-19 con los cientos de memes provocados por la línea telefónica 171, creada para evaluar si las personas que sienten síntomas están contagiadas.

Daniel Lozano

Irán

TEHERÁN (AP).- Los miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán, que usan máscaras de gas y uniformes impermeables, pueden ser vistos ahora rociando desinfectantes en las calles y hospitales, mientras la República Islámica enfrenta uno de los peores brotes del nuevo coronavirus en el mundo, con un total de 5823 infectados y 145 muertos. Sus comandantes probablemente esperan que sus acciones eliminen también algo más: la ira que siente el público hacia la poderosa fuerza paramilitar manchada por el derribo de un avión de pasajeros ucraniano en enero pasado. Las 176 personas a bordo, la mayoría de ellas ciudadanos iraníes, fueron muertas por error. El miedo al virus y la credibilidad menguante del gobierno se convirtieron en un gran desafío para los líderes de Irán, que ya están sufriendo el peso de las sanciones estadounidenses. «Hemos preparado todos nuestros centros de atención médica y cuadros especializados que ampliarán esta Jihad sagrada», dijo el general Gholamreza Soleimani, que comanda la fuerza voluntaria Basij de la Guardia.

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