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Crece la tensión entre EE.UU. e Irán tras el asalto a la embajada en Bagdad


Las milicias proiraníes asaltaron la embajada de EE.UU. en Bagdad Fuente: AFP

Trump advirtió a Teherán que podría «pagar un alto precio» por el asedio de las milicias proiraníes a la sede diplomática; el régimen se desligó del hecho y alertó por cualquier «error de cálculo»

BAGDAD.- El ataque a la
embajada norteamericana en Bagdad por parte de militantes proiraníes chiitas, que llevó ayer a un fuego verbal cruzado entre el presidente
Donald Trump y
el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, encendió la tensión entre
Washington y Teherán, con Irak como escenario de su disputa.

Luego de dos días de asedio y enfrentamientos, las milicias de
Hashed al-Shaabi, apoyadas por Irán, se retiraron finalmente ayer del complejo de la embajada estadounidense en
Bagdad, pero la crisis podría desembocar en más violencia.

La retirada se produjo tras los llamados del gobierno iraquí y de los principales líderes de las milicias. Con ello terminó un conflicto de dos días marcado por las fallas de seguridad en la mayor y más fortificada de las misiones diplomáticas estadounidenses en el mundo. El ataque provocó que el Pentágono anunciara que enviará unos 750 soldados «inmediatamente» a Medio Oriente, mientras que el secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que el ataque a la embajada fue obra de «terroristas» y «alentado por representantes de Irán».

«Irán será considerado plenamente responsable por la pérdida de vidas o daños materiales que ocurran en cualquiera de nuestras instalaciones. ¡Pagarán un alto precio! Esto no es una advertencia. Es una amenaza», escribió ayer Trump en su cuenta de Twitter.

Rápidamente, Khamenei respondió con una advertencia: «El mandatario estadounidense escribe tuits en los que acusa a Irán y amenaza al país con represalias… Cuidado, razona. No organizaremos nunca una guerra, pero si otros quieren imponernos su voluntad, nos opondremos vigorosamente».

El gobierno de Irán negó estar involucrado en el asalto y advirtió a Estados Unidos respecto de cualquier «error de cálculo» y acto imprudente.

En un asalto orquestado, cientos de milicianos y sus partidarios irrumpieron en el complejo de la embajada. Destruyeron una zona de recepción, rompieron ventanas y pintaron grafitis en las paredes para protestar por los ataques aéreos estadounidenses contra una milicia respaldada por Irán el fin de semana pasado, que mataron a 25 combatientes. Esa operación -que fue condenada ayer por Khamenei- fue a su vez en respuesta a un ataque con cohetes contra una base militar iraquí -en la ciudad norteña de Kirkuk, la semana pasada- en el que murió un contratista estadounidense.

Anteayer, decenas de milicianos respaldados por Irán y otros manifestantes se congregaron por segundo día en el exterior del complejo de la embajada de Estados Unidos en la capital iraquí y acamparon durante la noche. Luego prendieron fuego en el techo de una zona de recepción dentro del recinto.

Los marines estadounidenses que custodiaban ayer el lugar dispararon gases lacrimógenos cuando el número de manifestantes comenzó a aumentar. Del edificio salía humo, pero no se reportaron heridos desde el inicio de las protestas.

La embajada, ubicada a orillas del río Tigris en un distrito gubernamental conocido como Zona Verde, es la misión diplomática de la Casa Blanca más grande del mundo y una de las más protegidas. En el pasado fue objeto de ataques con cohetes y mortero.

Hashed al-Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular), que agrupa a varias milicias aliadas de Bagdad, emitió un comunicado en el que pidió a sus seguidores que abandonaran la zona en respuesta a un pedido del gobierno, y añadió que «su mensaje ha sido recibido». Más tarde los manifestantes retiraron sus carpas y se trasladaron al lado opuesto del río Tigris, fuera de la Zona Verde.

«Después de lograr el objetivo previsto, nos retiramos de este lugar triunfantes -dijo Fadhil al-Gezzi, un partidario de la milicia-. Hicimos que Estados Unidos cayera de bruces en tierra».

La violencia se produce en un momento en el que Irán y sus aliados enfrentan meses de masivas protestas sin precedente y luego de que las fuertes sanciones decretadas por Estados Unidos sacudieron su economía y elevaron las tensiones en toda la región. Pero Irán negó cualquier implicación con los incidentes en el complejo diplomático.

Ante el aumento de la tensión, el Pentágono reforzó la seguridad en la zona con el envío de 120 marines desde Kuwait. El secretario de Defensa, Mark Esper, anunció anteayer que unos 750 soldados serán enviados a la región con carácter inmediato, «en una acción proporcionada y preventiva en respuesta al incremento de los niveles de amenaza», y que hay tropas adicionales listas para unirse en los próximos días.

Sin embargo, en un año electoral, la permanencia de Estados Unidos en Irak tras la invasión de 2003, campaña que a Trump le gusta calificar de gran error histórico, se convirtió en un símbolo de lo difícil que es para Washington salir de la región y desentenderse de esas «guerras interminables» que el presidente republicano abomina.

El tono de los mensajes de Trump no oculta la encrucijada a la que lo somete esta escalada de la tensión, que lo obliga a debatirse entre una respuesta contundente y su deseo de no seguir enredándose en los conflictos de la región en este año en que buscará la reelección.


Agencia AP, AFP y Reuters

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