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Coronavirus. Las favelas en Brasil: una situación crítica y de dimensión desconocida


En una favela de Río, un operativo de desinfección Fuente: AFP

Advierten por la subnotificación de casos en las zonas más vulnerables, donde muchos no cumplen con el aislamiento social ni el uso de barbijos; el país registra 15.633 muertes

RÍO DE JANEIRO.- En abril pasado, la mamá de Maria Jessica Fernandes de Andrade,

habitante de la favela de Paraisópolis,

la más grande de San Pablo, sintió fuertes dolores de cabeza y buscó ayuda médica. Le dijeron que tenía una crisis de ansiedad y la mandaron a su casa. Unos días después, el cuadro empeoró y la familia decidió internarla. Los médicos llegaron a entubarla, pero, según contó Maria Jessica a LA NACION, «ya era demasiado tarde». En paralelo, su papá también se contagió, pero sobrevivió. Y ella misma se está recuperando de la enfermedad que arrastró a Brasil a una de las mayores crisis sanitarias de su historia.

En las favelas de todo el país, la situación es cada día más complicada por el avance del


coronavirus,

algo que no reflejan las estadísticas oficiales. En tanto,

Brasil llegó ayer a 15.633 muertes por Covid-19 y 233.142 infectados,

que lo convierten en el cuarto país con el mayor número de casos.

En las últimas semanas, científicos brasileños divulgaron investigaciones sobre la subnotificación de casos de Covid-19, indicando que los números reales son muy superiores a los informados por el gobierno del presidente Jair Bolsonaro. Estos cálculos señalan que los contagios son 10 o 15 veces superiores a los divulgados por el Ministerio de Salud y hoy podrían superar los dos millones de personas. Muchos de los casos subnotificados estarían en las favelas de las principales ciudades de Brasil. Según un monitoreo realizado por ONG en Río de Janeiro, sobre la base de estadísticas oficiales, solamente 387 habitantes de favelas cariocas fueron infectados y 132 murieron.

Una de las más afectadas es la Rocinha, con 98 contagios y 40 muertes. Pero los que caminan las favelas para entregar alimentos y productos de higiene desconfían de datos comunicados por autoridades sanitarias que cada vez más carecen de credibilidad. El presidente cambió a dos ministros de Salud desde que empezó la pandemia, intentó impedir la divulgación de sus exámenes sobre el Covid-19 y viene limitando el acceso a diversos tipos de información.

En las próximas semanas, investigadores de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, de la Universidad Federal de Río y de la Fiocruz (uno de los principales centros de investigación científica del país) trabajarán en un proyecto coordinado por el gobierno del estado -uno de los que intentan diferenciarse del gobierno nacional- para determinar el real estado de situación en los barrios más vulnerables.

Según el censo nacional de 2010, cerca de 11,4 millones de brasileños viven en favelas, número que hoy ya superaría los 14 millones. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) identificó 6329 favelas, ubicadas en 323 de los 5656 municipios brasileños. Solo en Paraisópolis, en San Pablo, viven 100.000 personas.

«Nosotros nunca imaginamos que esta enfermedad llegaría a las comunidades. Mucho menos pensé que mataría a mi mamá. Si ella hubiera tenido más ayuda, podría estar viva», dijo Maria Jessica, que vive sola con su marido, ambos desocupados. Para los habitantes de la favela, comentó, es muy difícil dejar de trabajar. «Si la gente no sale, no come. No estamos preparados para una situación como esta», señaló, todavía conmocionada por la muerte de su mamá.

En Paraisópolis, la asociación de vecinos tiene registros de diez muertos por Covid-19 y algo más de 80 contagiados. Fueron contratados médicos y hasta una ambulancia, pero los recursos se están terminando y el coordinador social del barrio, Gilson Rodríguez, reconoce que no sabe por cuánto tiempo podrán darles asistencia a los vecinos. «Ya entregamos 19.000 canastas de alimentos, pero hoy no tenemos presupuesto para una nueva tanda. No recibimos ninguna ayuda del Estado y acá falta de todo», explicó Rodríguez.

Muchos habitantes de la favela no cumplen la recomendación de aislamiento social porque, según el coordinador, «creen en los discursos que hablan del coronavirus como una ‘gripecita’ o piensan que es una enfermedad de ricos. El miedo a pasar hambre es más grande».

La crisis económica golpea fuerte y personas que nunca antes pidieron ayuda están desesperadas por donaciones de comida ; en muchos casos, no buscan ayuda médica ante síntomas relacionados al Covid-19 porque no pueden quedarse en sus casas sin hacer nada.

Temores

En las favelas de Río se pueden observar muchas personas sin barbijos, a pesar de la indicación explícita del gobierno local. El activista social Antonio Costa, presidente de la ONG Río de Paz, entrega alimentos en Manguinhos, Mandela y Jacarezinho, entre otras. Su percepción es que los casos son muchísimos más de los que informan las autoridades.

«Vemos personas con síntomas claros de Covid-19 que viven con otras cinco o hasta diez personas. Lo peor de la crisis todavía está por ocurrir en las favelas», vaticinó. Algunos, contó Costa, van a las unidades de atención rápida (UPA) del Estado y vuelven a sus casas con la recomendación de tomar remedios similares a un ibuprofeno. Ya empiezan a circular rumores sobre personas que mueren en sus casas, y el presidente de la ONG teme que en no mucho tiempo las favelas cariocas vivan situaciones similares a las que se vieron en Ecuador, donde, sobre todo en Guayaquil, se registró una explosión de casos positivos y muertes por el virus.


En una favela de Río, un operativo de desinfección
En una favela de Río, un operativo de desinfección Fuente: LA NACION

«Por la aglomeración de personas, la falta de información y la falta de una política responsable por parte del gobierno nacional, todo nos lleva a tener una catástrofe en los barrios pobres de Brasil», lamentó Costa.

El discurso de Bolsonaro y su permanente insistencia en minimizar la pandemia y defender el inmediato retorno de las actividades económicas tiene gran influencia entre los habitantes de las favelas. En el Morro de Papagaio, una de las más grandes de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, las medidas de aislamiento social se redujeron bastante, comentó el trabajador social Júlio Fessô, por la actitud del jefe de Estado. «Si el presidente dice que va a hacer un asado la gente cree que no es tan grave, que muchos exageran. Por eso nuestro trabajo es permanente en materia de generar conciencia social y de darles a los vecinos que necesitan trabajar elementos de protección», dijo Fessô.

En las favelas de Río donde las llamadas milicias son dominantes, el comercio sigue funcionando casi normalmente. Según explicó el profesor Thiago Rodrigues, de la Universidad Federal Fluminense (UFF), que hace muchos años estudia los grupos violentos que actúan en los barrios pobres de la ciudad, las milicias adoptaron a rajatabla el discurso del presidente y obligan a los comerciantes a trabajar normalmente. De esa manera, siguen cobrando sus llamadas tasas de seguridad. «Las milicias tienen una actitud mafiosa, cobran por protección, y si los comercios cierran no reciben ese dinero. Es perverso y si analizamos los casos de contagio en las favelas vemos que son más altos donde son fuertes las milicias. Por ejemplo, en Cidade de Deus», dijo.

En las favelas donde mandan los comandos y el narcotráfico, amplió Rodrigues, «es muy interesante ver cómo la orientación es básicamente la de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A ellos no les conviene una explosión de casos porque podría llevar a una intervención estatal».

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