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Coronavirus en España: el chef argentino que instaló una olla popular en el barrio más chic de Madrid


Adrián (izquierda) junto a quienes lo ayudan diariamente en el comedor

Uno de los barrios más chic de Madrid,

Malasaña, cambió su paisaje de un día para el otro.

El «Palermo Soho» de la capital española ya no tiene abiertos sus clásicos bares bohemios. Y si alguien camina al mediodía por la calle Espíritu Santo se va a encontrar con

centenares de personas

aglomeradas esperando comida caliente. Es que

en pleno centro de Madrid, el chef argentino Adrián Rojas instaló una «olla popular».

Es un momento de despertarnos y hacer algo para el otro. Si el vecino está jodido, estás jodido vos…

Adrián

Adrián es oriundo de Monte Grande, en el conurbano bonaerense, pero desde hace 10 años vive en Madrid. Es chef, trabajó en varios restaurantes de renombre y hace exactamente un año abrió «Casa 28», su propio negocio. «Cumplimos un año justo con la pandemia», cuenta por Whatsapp a

LA NACION,

mientras remoja garbanzo para las

casi 300 personas

que irán a buscar su próximo almuerzo.

El 1 de marzo pasado Adrián festejó el aniversario de su local, pero 11 días más tarde tuvo que cerrar por la cuarentena obligatoria que ordenó el gobierno de España para combatir el avance del brote de coronavirus. Como le había quedado comida descongelada y alimentos perecederos, decidió dejarlos afuera, en la vereda, junto a un cartel que decía:

«Llevate lo que quieras, es gratis».


Casi 300 personas diarias van a buscar su comida
Casi 300 personas diarias van a buscar su comida

«Yo me traje unas entrañas, helado de dulce de leche y un vino a mi casa. Tenía la heladera llena, estaba con mi mujer y mi hijo, súper tranquilo, y me puse a pensar.

¿Qué pasa con toda la gente que pide monedas en la calle? ¿A quién le piden ahora?

¿Y los que se disfrazan de Mickey para que los turistas se saquen fotos? ¿Qué hacen?». Adrián no lo dudó, y con el apoyo de su mujer, Clara,

comenzó a idear la «olla popular».

Al día siguiente cocinó dos kilos de alubias y puso un cartel en la puerta para que la gente se las llevara gratis.

«Ese lunes 17 de marzo arranqué a cocinar y no paré más.

Siento que hay riesgo de estallido social, porque hay mucha gente muy desamparada», advierte. Con el pasar de los días,

su solidaridad fue contagiosa.

Mucha gente le donó ollas, quemadores, dinero y alimentos.

«Se armó una red de vecinos.

Todos están apoyando y arrimando un poquito», asegura.


Adrián pega carteles en la puerta de su local para anunciar las novedades
Adrián pega carteles en la puerta de su local para anunciar las novedades

Cuenta que hay

un nene que baja con su tablet

al mediodía y deja que la gente que asiste al comedor

pueda usar internet y mandar mails

a su familia. Incluso la panadería de la esquina del local, que al principio le daba el pan que sobraba, ahora cocina para ellos.

«Es un momento de despertarnos y hacer algo para el otro. Si el vecino está jodido, estás jodido vos»,

define.

El público que asiste al comedor aumenta día a día. «Vienen desde turistas italianos que quedaron en la calle, porque los hoteles cerraron, hasta abuelas. Veo gente del barrio y también familias que llegan desde lejos.

Hay personas que se acercan y te das cuenta de que no están acostumbradas a pedir»,

relata Adrián. La olla la preparan entre varios. Están Lola, una madrileña que tenía una iniciativa similar y se sumó, los primos de Adrián, Joaquín y Patricio Molina, y Victoria, una argentina que los ayuda. Cada noche, Adrián prepara el menú del día siguiente, que es casi siempre puchero, «porque rinde mucho».


Diariamente entrega viandas para la gente que necesita
Diariamente entrega viandas para la gente que necesita

Muchos de los que piden comida tienen techo y cocina, por lo que Adrián les entrega un kit con alimentos crudos para que lo cocinen en sus casas y luego se lo lleven a él. «Es más fácil, porque le damos de comer a casi 300 personas y no me alcanza con las herramientas que tengo», explica.

Si bien el ayuntamiento de Madrid le entregó una tarjeta para buscar productos en el Banco de Alimentos, Adrián se muestra crítico sobre el accionar del gobierno español. «Que me hayan dado esta tarjeta es darme la razón de que la gestión es malísima. Acá no solo no se llegó con la sanidad, sino tampoco con lo social. La mayoría de los comedores sociales cerraron y los que quedaron abiertos solo entregan sánguches fríos. Si hay cajeros y deliveries que trabajan, no entiendo por qué no puede haber un cocinero en un comedor para alimentar a la gente», reflexiona.

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