Espectáculos

Puli Demaría: «A Pampita la acompañé en los momentos más felices y en el más triste de su vida»

Se hizo famosa por ser la íntima amiga de
Pampita, aunque para ella es
Carolina (Ardohain). Sin embargo,
Puli Demaría es mucho más que eso. Es la DJ de moda, requerida en las fiestas más exclusivas; es actriz, canta, baila y es mamá de cuatro hijos: Silvestre de 17, Santos de 13, Félix de 10 y Florian de 8. En pareja desde hace catorce años con el DJ Martín Chule Bernado, Puli es tal y como se la ve en
Pampita online (NetTV): divertida, alegre y de buen corazón. Sobrina nieta de María Luisa Bemberg, estudió en el Actors Studio de Lee Strasberg, en Nueva York. Dice que tiene el gen de la actuación y desmenuza el por qué con pasión, como todo lo que hace ella. En una charla íntima con
LA NACIÓN, Paula, tal es su nombre, cuenta su historia llena de momentos de felicidad y risas, y también de lágrimas y tristezas.

-Este fue el año en que dejaste de ser la amiga de Pampita, ahora todos saben quién es Puli Demaría.

-Todavía seguimos (ríe). Creo que me voy a apodar Puli «la amiga de Pampita» Demaría. Este año fue la «Pulimanía», me comentaron el otro día en el programa. Laburo de DJ hace muchos años y estoy re agradecida, aunque también soy consciente de que trabajé mucho para esto.

-La popularidad es un tema serio…

-En el fondo debería agradecerle a la
China (Suárez) porque todo empezó con una foto que subió a sus redes conmigo, en la fiesta de Pol-ka. En ese momento me asusté, pero hice un master sobre el tema. Me expuse yo sola y la expuse a la China. No fue nada grave para nadie, pero me asustó la violencia en las redes porque a mí no se me ocurre hacer comentarios negativos de gente que no conozco. Fue muy feo ese maltrato y esas barbaridades. Todavía me cuesta un poco. Lloraba, quería renunciar al programa, irme al campo a cultivar papas, pero algunas amigas me dijeron que disfrutara, que estaba en la tele, que era de las DJ más conocidas y tal vez la mejor. Al final, terminé disfrutándolo. No volví a hablar con la China, pobre mujer; la expuse sin querer y a Benja (Benjamín Vicuña) le escribí para su cumple, y cuando supe que su papá estaba mal, pero no le pregunté nada de su vida privada, por elección. Era la amiga de Pampita que es DJ, pero que también está en la tele y actúa. Sé que es difícil encasillarme y eso incomoda.


«Todavía me cuesta un poco la popularidad. Cuando pasó lo de la China (Suárez) lloraba, quería renunciar al programa, irme al campo a cultivar papas, pero algunas amigas me dijeron que disfrutara, que estaba en la tele, que era de las DJ más conocidas y tal vez la mejor. Al final, terminé disfr Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Sánchez

-Sos uno de los sostenes de Pampita, que es siempre el centro de atención. Difícil tarea.

-Creo que Caro genera y vende, le pasan cosas como a todos y a la gente le sirve hablar de ella: cuando no pasa nada, el tema es Carolina, pero sufre y mucho. De todas maneras, entendió el juego y lo sabe llevar como nadie aunque a veces la pasa mal. Caro no puede hacer nada sin que todos se enteren; tuvo relaciones que no funcionaron como le pasa a cualquiera. Caro es familia: llega a su casa, se hace un rodete y se tira a jugar con sus hijos, los acompaña en todo. La veo muy bien, serena, feliz.

-Pero apareció la niñera acusándola de maltrato…


Incomprensible. Está mal asesorada, supongo. Fue dama de honor en el casamiento de Caro, era parte de la familia y los chicos la amaban. Trabajó en su casa durante cinco años, y era la persona que cuidaba a sus hijos todos los días. Ellos no entienden. A todos nos puede pasar. Fue muy desafortunado y entiendo que Caro se haya puesto mal.

-¿Encontró niñera nueva?

– No encontró niñera nueva, pero ahora está de vacaciones y ella puede ocuparse de los chicos. Con Caro nos conocimos en Tequila hace 22 años; nos presentó Mati, mi marido fallecido. Enseguida nos pusimos a bailar, un día nos juntamos a almorzar, otro día a tomar el té y nos hicimos íntimas. Ella me acompañó mucho en la búsqueda de mis hijos, y yo la acompañé a lo largo de toda su vida, en los momentos más felices y en el más triste de su vida. Somos como hermanas.

– Hiciste la última función de
Destino pochoclo, en Microteatro, ¿cuándo decidiste que querías ser actriz?

-Lo supe siempre. De chica, los fines de semana armaba obras de teatro yo solita: ponía una mesa y cortinas arriba de la cama, como si fueran el escenario y el telón, y recreaba obras para quienes vinieran a casa. Cuando terminé el colegio quise ir a estudiar a los Estados Unidos, porque nací en Fort Lauderdale, y tenía esa posibilidad. Mi abuela paterna, Elsa Demaría, que tiene 97 años, fue una gran actriz del
under y se iba de gira, hasta de grande. Ella tiene mi energía. Y por el lado de mamá, mi tía abuela es María Luisa Bemberg, hermana de mi abuela Malena. Veía mucho cine con mi mamá: los clásicos de todos los tiempos y muchos musicales. A los 10 años, en 1986, en casa se vivía un revuelo porque
Camila estaba nominada al Oscar. «Ladislao, ¿estás ahí?… A tu lado Camila» (Puli imita a Imanol Arias en la última escena de la película, con Susú Pecoraro). Es todo; es la síntesis del amor. María Luisa también rompió muchos preceptos familiares: se casó, se separó, creó la Unión de Feministas Argentinas y todas sus películas tienen una temática fuerte, con mujeres valientes y rebeldes. Estudió teatro en el Lee Strasberg de Nueva York, como yo, y Lee, que todavía estaba vivo, le dijo que tenía que dirigir, aunque ella quería ser actriz. Cuando tomé conciencia de quién era Malu, empecé a hinchar con que quería actuar. ¡Lo que me indigné por no ser parte de la película
Miss Mary (1986)! Porque los chicos salieron de castings del colegio San Andrés. Tenía la edad de una de los personajes y deseaba actuar pero, imagino, no querían a nadie de la familia y, quizá, mi abuela puso un freno. En 5º año hice en la escuela la obra de Shakespeare,
Sueño de una noche de verano, en el personaje de varón, Lisandro. Malu ya estaba enferma y empezando a hacer
El impostor, que nunca terminó. Me fue a ver al acto escolar y le encantó. Le dijo a mi abuela que era una lástima que no me hubiera visto antes pero que iba a estar en su próximo proyecto. Ese año se murió y el legado siempre quedó. Zelmira Gainza, mi prima hermana, está radicada en los Estados Unidos y es una gran directora de cine.

-¿En 2020 vas a estar en «Bailando por un sueño»?

-¡Parece que entro al «Bailando 2020»! Hay rumores y me contactó una productora también. Está empezando a armarse y yo quiero ir al «Bailando…» No me voy a pelear porque no soy así, pero me voy a tener que hacer de piel gruesa porque soy muy sensible y ya aprendí que la que llora en tele no garpa. En la previa puedo aportar muchas cosas desde el amor, la música. En las vacaciones, en Punta del Este, voy a tomar clases de baile tres veces por semana. Soy muy exigente, obsesiva y profesional. Cuando quise ser DJ me pasé veinticinco mil quinientas horas practicando enganches en mi casa, y ahora también me voy a preparar para bailar; no voy a esperar a que me lo digan. De todas maneras me conviene porque voy a estar espléndida bailando, en forma y con las endorfinas a full. Y en febrero me iré unos días al campo, sin wifi, a leer libros, a disfrutar del aire libre y dormir siestas. Después, el 1º de marzo volvemos con
Pampita online, por NetTV. Además tenemos un proyecto para una película con Leo Azamor, y una obra de teatro para la segunda mitad del año.

-¿Postergaste tu deseo de ser actriz por la maternidad?

– De alguna manera, sí, tengo cuatro varones y perdí cuatro embarazos porque tengo trombofilia, e hice tratamientos in vitro también. De chiquita quería ser mamá aunque nunca pensé que iba a tener cuatro hijos, pero llegaron porque siempre estábamos en búsqueda de la nena. Tuve cuatro cesáreas y un día el obstetra me dijo basta. Silvestre y Santos son hijos de mi primer marido, Matías Corti Maderna que falleció hace tres años, y tuve a Félix y Florian con Chule. Las cosas se dieron de esa manera. Estudié en el Lee Strasberg y en la Universidad de San Diego y, cuando volví a la Argentina, me enamoré y mi marido no quería que actuara: pensaba que si tenía una escena de besos me podía enamorar de mi compañero. Me casé joven, a los 23 años, y buscamos ser padres enseguida.


«Yo quiero ir al ´Bailando 2020´, voy a tomar clases de baile tres veces por semana» Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Sánchez

– Muy Susanita.

-Soy re Susanita. Por un tiempo, mis deseos quedaron guardados en una cajita con un moño hermoso porque para mí ser mamá era todo, pero como soy inquieta, necesitaba otra cosa además de la maternidad y monté mi empresa de organización de eventos. Así encontré un laburo que podía gestionar al tiempo que era mamá. Pasó el tiempo y me separé con Silvestre de tres años y embarazada de Santos. No funcionó la pareja, pero éramos una familia ensamblada, por eso la muerte de Mati fue un golpe que me aniquiló. Fue mi gran amigo durante 20 años y lo quiero un montón. Mis hijos más chicos lo adoraban. Éramos realmente una familia ensamblada: almorzábamos los sábados y a la mesa éramos siete.

-¿Cómo llegó Chule a tu vida?

– Muy cliché:
la organizadora de eventos se enamoró del DJ y él de ella. Fue en una boda. Siempre me gustó la música y, de chiquita, me hacía mis propios enganchados con la doble casetera. Chule tiene un talento increíble y primero me entró por los oídos. De tanto trabajar juntos, nos enamoramos. Él tampoco quería que yo actuara, un poco por celos. Lo más gracioso es que hasta ahora hice cuatro obras en microteatro y no me tocó besar a nadie.

-Por fin pudiste concretar tu sueño de subirte a un escenario, ¿cómo fue ese primer paso?

-Fue cuando Julieta Novarro trajo microteatro a Buenos Aires. Como somos muy amigas, le dije que si no hacía teatro me iba a volver loca. Julieta creyó en mí y siempre voy a estar agradecida.

– ¿Y fue tu marido quien te abrió la puerta al mundo de la música?

– Sí, mi marido fue mi maestro. Siempre le pedía que me enseñara, pero con cuatro hijos tenía poco tiempo y ser DJ requiere muchas horas de vuelo: tenés que saber de cuadraturas, de música, enganchar. Un día me escuchó, me enseñó y durante muchas horas probé y aprendí hasta que, pasados unos siete meses, fuimos a una fiesta y me dijo que estaba preparada para ser la DJ. Casi me infarto porque era un casamiento en el Alvear para 500 personas, pero salí airosa. Ese día salió la chiquita que hacía las obras de teatro y una vez que me sentí segura, no me paró nadie. Soy muy feliz arriba del escenario y en una cabina de DJ.


«Soy muy feliz arriba del escenario y en una cabina de DJ» Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Sánchez

-¿Es verdad que pasaste música para los Rolling Stones, Ricky Martin y los príncipes de Mónaco?

– Es verdad. En una fiesta privada para los Rolling Stones, puse un tema de ellos remixado y Mick Jagger se acercó a la cabina y me dijo: «You are rock». Fue todo estar ahí. También le pusimos cachengue y se divirtió un montón. En otra oportunidad pusimos música para Pierre y Andrea Casiraghi en el Yatch Club de Mónaco, increíble estar ahí. Y con Ricky Martin compartí una fiesta en Marruecos: nosotros poníamos música y él hizo un mini recital. Estaba enloquecida porque también soy cholula, soy Fanny, la fan.

-Durante una entrevista hiciste referencia a un problema que tenés en el ojo, ¿qué te pasó?

-Nací con un desvío en el ojo, nada que no se arreglara con anteojos, pero a los 15 años me operaron en Nueva York, y me hicieron mala praxis, me dejaron el ojo derecho viendo doble. Acá me operó el doctor Ciancia y me lo dejó lo mejor que pudo, pero cuando estoy cansada, que es las 24 horas del día, el ojo se me desvía un poco. Fue mala praxis y quedé hiper sensible a la luz. Lo sufro mucho, sobre todo por estar más expuesta. Es re feo que te digan cosas desagradables sin conocerte. Por suerte aprendí a reírme de mi misma. Tengo humor.

-Contaste que naciste en Fort Lauderdale, ¿cuándo se mudaron a nuestro país?

-A mis tres años mis padres se separaron y nos mudamos a Buenos Aires con mi mamá, Paula. Mi papá, Marcelo, todavía sigue viviendo allá. Es como si se hubiera quedado anclado donde falleció mi hermano Christian, de manera trágica, cuando apenas tenía un año y nueve meses. Fue un mes de febrero, y mi mamá se embarazó de mí en marzo, tema que traté un montón en terapia. No lo conocí físicamente a Christian pero siempre ha estado y está muy presente en nuestras vidas. Fui una beba que llegó con el propósito de sanar. La muerte estuvo siempre muy cerca de mí. Es terrible. Y, de alguna manera, mi mandato es dar alegría, no sé hacer otra cosa. En algunos momentos siento que no me permiten estar triste; me preguntan qué me pasa. Y bueno, tengo un mal día.

Agradecimientos: maquillaje, Nati Pelizzari y coiffeur Jonatan Horne.

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