Espectáculos

Jésica Cirio: de bomba sexual a ícono familiar: «Tengo un club de fans de mamás y abuelas que es impresionante»

Es una rara avis en el medio local

Jésica Cirio

. Debutó en la televisión a los 10 años junto a las Trillizas de Oro, pero se hizo conocida de adulta por sus campañas de ropa interior. Luego mostró sus dotes de bailarina en diversas ediciones de «Bailando por un sueño», fue «la sobrinita» en un

Polémica en el bar

de Gerardo Sofovich, trabajó como vedette en teatro y hasta grabó un disco de pop-rock que llegó a definir como «una fusión entre Coldplay, Kiss y Belinda».

El equilibrio en su vida afectiva (luego de varios romances y un padre que la envolvió en más de un escándalo) le llegó de la mano de

Martín Insaurralde

, el intendente de Lomas de Zamora, a quien conoció en su rol de entrevistadora para el programa

70.20

, de Chiche Gelblung. Fruto de esa relación, que ya lleva seis años (casamiento incluido), nació hace dos Chloé.

Hoy, además de contar con la dicha familiar, Jésica Cirio disfruta de un presente profesional inmejorable: como coconductora del programa

La peña de Morfi

y como embajadora internacional de zumba. Este domingo 8, de 11 a 17, se volverá a poner al frente del ciclo musical de Telefe por tercer año consecutivo y siempre junto a su hacedor original: Gerardo Rozín.


«No soy vedette, porque ya no existe más el teatro de revista. Fue una etapa de mi vida en la que pude mostrar que sabía bailar. Además tenía un gran lomo y no me parecía mal exhibirlo», cuenta Jésica Cirio Fuente: LA NACION – Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-Estás a punto de cumplir 25 años en el medio. ¿Qué balance hacés de tu recorrido?

-Impresionante, ¿no? ¡Es un montón! El balance es muy positivo. Desde mis comienzos, trabajando con Las Trillizas de Oro (en

Las 3 Marías

, por ATC), hasta ahora, en cada una de las actividades que fui desarrollando, todo fue placentero. Llegué al medio preparada porque estudiaba danzas, teatro y comedia musical, pero no con la decisión de qué quería ser, o hacia dónde quería ir. No sabía si quería ser actriz o conductora o bailarina, aunque por supuesto a mí siempre me tiró más el baile porque es lo que más estudié y aprendí en mi infancia. Luego, el destino y la vida me fueron marcando hacia donde ir. Lógicamente, después de una cierta edad, fui yo la que decidí y la que me volqué hacia lo que más disfrutaba hacer. Además de trabajar como bailarina, hacía castings para comerciales y de repente me surgió la posibilidad de ser modelo. En ningún momento de mi infancia jugué a ser modelo. De chica lo único que creo quería ser era bailarina. O cantante, en lo que finalmente incursioné, pero no funcionó. Lo concreto es que en el medio me hice conocida como modelo, gracias a una campaña de Cocot. De golpe un día la ciudad apareció empapelada con mi cuerpo y ahí explotó todo.

-Modelo, bailarina, vedette, cantante, actriz y conductora de televisión. ¿Con cuál de estos roles hoy te identificás más?

-Con todos. No soy vedette, porque ya no existe más el teatro de revista. Fue una etapa de mi vida en la que pude mostrar que sabía bailar. Además tenía un gran lomo y no me parecía mal exhibirlo. Hoy sigo bailando, pero a otro nivel. Soy embajadora internacional de zumba. Como desde el vamos me interesó tener una vida saludable, cuidar mi cuerpo y transmitir mis tips de salud y belleza, las mujeres siempre fueron mis aliadas. Ahora me acompañan asistiendo en masa a las clases de zumba, que es un entrenamiento de fitness. Desde el exterior me eligieron como embajadora de esta práctica por ser en la Argentina una figura reconocida, que lleva adelante una vida saludable, y porque amo bailar. Me enamoré de esta disciplina y volví a bailar, esta vez para la gente común. Zumba es una actividad física que hace bailar a la gente, pero sin la obligación de tener que hacerlo todo bien. El objetivo de las clases no es convertir a los asistentes en grandes bailarines sino extraer lo mejor de uno, disfrutar al bailar y seguir la música. Hoy estas clases son un verdadero fenómeno, vienen malones. Y no me ven como a una figura inalcanzable, sino como a una chica normal, que está ahí para darles una clase. Yo doy una única clase por mes en Capital, en el Hipódromo de Palermo, y también recorro el interior del país y asisto a eventos en el exterior. El año pasado, por ejemplo, estuve como embajadora de esta práctica en Turquía, Barcelona y Orlando.

-El 2020 es tu tercer año como coconductora de

La peña de Morfi

. ¿Qué es lo que más te atrae del programa?

-Todo. En

La peña

encontré un todo de lo que soy yo, porque es un programa musical, que es algo con lo que crecí, trabajé, viví de la música. La cocina no era mi fuerte, pero despertó en mí algo muy llamativo. Mis compañeros siempre me recuerdan que cuando llegué al programa no comía carne, no tocaba la harina, no quería probar leche que no fuera descremada; en fin, que había arribado con todos mis tocs de persona saludable. Y ahora como carne, pan… Cambió un montón mi vida y mis domingos. Si bien tuve que resignar el estar en mi casa con los míos, yo hoy a

La peña

la siento como mi familia. Eso es lo que la gente ve del otro lado, por eso se siente tan a gusto con el programa, nos compran y nos quieren. Si bien yo ya era una figura popular, está claro que este programa me acercó más a la gente. Hoy tengo un club de fans de mamás y abuelas que es impresionante. Y también me acercó a nuestra música, al folclore y al tango. Yo me inicié estudiando danzas clásicas y folclóricas, pero en los últimos años, con todo esto del zumba, me fui inclinando hacia los ritmos latinos. Ahora, en

La peña

, conviven la música de mi infancia y la de mi actualidad, por eso me siento tan cómoda.


Jésica Cirio no piensa volver al
Jésica Cirio no piensa volver al «Bailando»: «Mi vida en general está en armonía, mires por donde la mires. ¿Para qué exponerme a otra cosa?», sentencia Fuente: LA NACION – Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-¿Este año habrá en el programa algún cambio en particular?

-Se mantendrán el humor y la cocina, pero habrá más música en vivo que antes, con artistas que no van a otros programas. Desde David Bisbal hasta Abel Pintos y Luciano Pereyra, por nombrarte sólo algunos, se han mostrado muy agradecidos del espacio y hasta han cambiado fechas de actuaciones para poder estar en el ciclo, algo que no harían en ningún otro caso. Y están también los que, a la hora de elegir, le han dicho que no a Susana Giménez porque se sentían más a gusto en

La peña

. Te imaginarás que todo esto nos llena de orgullo. En este primer domingo, por ejemplo, estarán Elena Roger cantando temas de María Elena Walsh, la colombiana Karol G interpretando el tema del verano, «Tusa», y también los hijos de Ricardo Montaner, Mau y Ricky, que se encuentran en pleno ascenso. Además estará el violinista libanés Ara Malikian.

-¿Cómo definirías tu relación con Gerardo Rozín? ¡Parecen el agua y el aceite!

-Sí, ¡somos el agua y el aceite! Y esto es genial, está buenísimo. Gerardo es una persona para sacarle el jugo, estoy muy pendiente de todo lo que hace, presto mucha atención a la soltura que tiene para entrevistar, y a cómo lleva el programa. En fin, trato de aprender de él. Fijate que es conductor y productor a la vez, no sé cómo logra desdoblarse. Él me consulta mucho sobre los artistas nuevos, sobre los que él no frecuenta a diario y yo sí. Ahí se arma una fusión muy interesante entre los dos y luego creo que eso se transmite en el vivo. Es tan relajado todo que yo siempre digo que el programa funciona solo. Además, en

La peña

no existe el conflicto. Te juro que nunca me peleé con nadie ni presencié alguna pelea. El equipo de laburo es genial.

-Ya habías probado la conducción anteriormente, en tres ocasiones. ¿Podríamos decir que con

La peña de Morfi

te graduaste como conductora?

-Sí, por supuesto, estoy híper graduada. Incluso llegué a conducirlo yo sola más de una vez. Lloré pero lo pude hacer. Tené en cuenta que son seis horas de programa y que es mucho lo que hay que llevar adelante. De afuera uno lo veo todo muy ameno, pero son muchos segmentos y artistas a lo largo del día, hay mucho por estudiar y muchas posibilidades de olvidos y errores.


Jésica Cirio es embajadora internacional del zumba, el baile que la acercó a un público popular igual que La peña de morfi
Jésica Cirio es embajadora internacional del zumba, el baile que la acercó a un público popular igual que La peña de morfi Fuente: LA NACION – Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-Participaste de la primera edición de «Bailando por un sueño», en 2006, y luego en otras cuatro más, llegando en dos ocasiones a las semifinales. ¿Volverías por la revancha?

-No. Tengo una súper relación con la producción del programa porque crecí con ellos. Antes del «Bailando» yo ya trabajaba en

Showmatch

, en los desfiles y sketches. Fue una etapa de mi vida que disfruté un montón, en la que me dejaron explayar mis ganas de bailar. Nunca se puede decir nunca, porque uno no sabe lo que te pueden deparar las vueltas de la vida, pero no creo que vuelva a un certamen. Hoy en

La peña

encontré un lugar que me cierra totalmente, y en el que no tengo ningún tipo de conflictos, como ya te dije. Y mi vida en general está en armonía, mires por donde la mires. ¿Para qué exponerme a otra cosa?

-¿Esta armonía vino de la mano de la profesión o también de Martín y la vida familiar?

-De todo. Es como te dije: yo nunca busqué en la profesión ir a un lugar específico, estos lugares me fueron encontrando a mí. Todo fue llegando y en esta etapa de mi vida creo que este programa llegó para ponerle el broche a todo lo que estuve haciendo durante mi carrera, y que me encuentra muy consolidada como mujer, esposa y madre.

-¿Te imaginabas a esta edad con una familia conformada?

-No, de ninguna manera. Si me lo hubieras preguntado hace seis años te hubiera dicho que esto era imposible. No lo proyectaba. Yo era muy yo, sólo me importaban mis trabajos y mis cosas particulares, mis tiempos, todo pasaba por mí. Pero, bueno, viste cómo es el amor. Cuando te enganchan… Antes me había enamorado, pero siempre era yo adelante, por encima de la pareja, y si me querían seguir, todo bien; si no, chau.

-¿Y ahora?

-Ahora no, ahora somos dos. O tres, con Chloé. O cuatro o cinco o seis, porque también están los hijos del primer matrimonio de Martín. Ahora el amor lo vivo así y me encanta.

-Acabás de regresar de unas mini vacaciones en el Sur con Martín y Chloé. ¿Cómo estuvieron?

-¡Ay! estuvieron increíbles. Fuimos a la casa de unos amigos, en Meliquina, al sur de Neuquén, y la pasamos bomba, ¡me comí todo! Chloé era la primera vez que iba al Sur y yo hacía mucho que no andaba por ahí. Como en el verano tuve que viajar por el zumba a los Estados Unidos, prácticamente no habíamos estado de vacaciones, sólo habíamos pasado unos días en una quinta.


Jésica Cirio y el recuerdo de Juan Carlos Acosta:
Jésica Cirio y el recuerdo de Juan Carlos Acosta: » Juan fue más que mi bailarín, éramos muy amigos y yo lo sentía parte de mi familia» Fuente: LA NACION – Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-Me imagino que el verano se habrá visto ensombrecido por la inesperada muerte de Juan Carlos Acosta, tu bailarín en el último «Bailando por un sueño».

-Sí, absolutamente.

Juan fue más que mi bailarín, éramos muy amigos y yo lo sentía parte de mi familia

. Compartíamos mucho y hablábamos todo el tiempo. Fue todo muy raro.

-En un principio se llegó a hablar de «muerte dudosa», de ingesta de medicamentos y hasta de asesinato.

-Sí, fue todo muy desagradable lo que se dijo. En ese momento no quise salir a hablar, sentí que debía hacerlo su familia, que no estaba entre mis derechos hacerlo. Pero nada de eso sucedió. Finalmente hubo un diagnóstico preciso, que indica que falleció por una trombosis. Desde el sábado a la noche le dolía la pierna, lo manifestó pero no quiso acudir a un médico. Luego ese dolor fue creciendo y el domingo, cuando se levantó, no llegaron a atenderlo. Yo averigüé con médicos y me explicaron que si él se hubiese hecho ver en un principio le hubieran dado una inyección y punto, se hubiera salvado.

-Lo mismo que alguna vez sufrió tu esposo, ¿no?

-Exacto. Cuando él tuvo cáncer y le dieron quimio (como a veces suele suceder) se le produjo una trombosis. Y en cuanto sintió el dolor fue al médico, pensando que era algo pasajero, y le dijeron: «no, vos no te volvés a tu casa, te quedás acá internado». Lo inyectaron y se salvó. Sin dudas, en el caso de uno y otro actuó el destino.


Este domingo vuelve La peña de Morfi, con Jésica Cirio en la coconducción del programa que lidera Gerardo Rozín
Este domingo vuelve La peña de Morfi, con Jésica Cirio en la coconducción del programa que lidera Gerardo Rozín Fuente: LA NACION – Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-¿Cómo está hoy Martín? ¿El cáncer sigue siendo un fantasma en sus vidas?

-No, ya no. Pero al principio de la relación sí lo fue. Cuando lo conocí, en una entrevista que le realicé para un programa de Chiche Gelblung, él no estaba enfermo, tenía pelo y todo. Más tarde, cuando nos dejamos de ver (y no éramos pareja ni nada) me enteré que tenía cáncer. No lo llamé, aunque hubiese querido, porque no teníamos una relación de confianza. Pero cuando él se recupera y nos volvemos a reencontrar en una entrevista como al año y medio de aquel primer encuentro, lo veo pelado, gordo, y hablando muy pausado, ¡era otra persona! Pero me enamoré igual. A mí ya me había gustado desde un principio, pero el hecho de saber que era un hombre casado (aunque para ese entonces ya se hubiera separado) y con hijos me detuvo. Ahora no lo veía bien físicamente, pero me pareció una persona maravillosa. Y su enfermedad nos unió más, porque empezamos por otro lado: por las charlas en vez de por la atracción física. Los primeros tiempos de la relación fueron duros porque él no sentía mucho las extremidades, ni de sus pies ni de sus manos. Se chocaba con todo, no podía agarrar una taza o caminar sobre arena caliente. Y para subir a un avión tenía que tomar (y aún debe seguir haciéndolo) una pastilla por aquella trombosis, porque tras un primer indicio se debe de por vida controlar el tema.

-¿Cómo compatibilizan sus actividades, que son tan diferentes?

-Nos apoyamos mutuamente. Lo que más me gustó de él, que quizás no me pasó con otras parejas, es que desde el día que lo conocí nunca trató de boicotear mi trabajo o de cambiarme. Nunca tuvo conmigo un no, y eso que no sé si algunos de mis trabajos lo beneficiaban. El «Bailando», con toda su exposición, por ejemplo. O las campañas de ropa interior. Lo mismo en la actualidad, cuando me paso todo el domingo en el canal, o mi trabajo como embajadora de zumba, que implica por contrato viajar cada dos o tres meses a Estados Unidos o a cualquier lugar del mundo. Él me apoya siempre, no pretende que esté todo el día junto a él, me deja hacer y encima me tira ideas para que cada vez yo sea y esté mejor.

-¿Cada uno comparte la actividad del otro? ¿Se consultan o se aconsejan?

-Yo lo acompaño todo lo que puedo, pero no hay una obligación ni un compromiso de hacerlo. Depende de las ganas y de los tiempos de cada uno. Al principio de la relación lo acompañaba mucho más y estaba más involucrada en su trabajo. Ahora va variando de acuerdo a mis tiempos.

-¿No te sentís obligada a ser la primera dama de Lomas de Zamora?

-No, para nada. Pero al principio me pasaba que abría mis redes sociales y me encontraba con un montón de pedidos y me volvía loca por satisfacerlos a todos. Sentía que tenía la obligación de resolver todo. Me la pasaba llamando por teléfono a las diez personas que trabajan con Martín, diciéndoles «por qué no hiciste esto o lo otro». Después entendí que todo es más profundo que los pedidos aislados y que existe un cronograma de resolución de necesidades que debe respetarse. Cada delegación tiene necesidades diferentes y hay que seguir un orden. No se pueden hacer excepciones todo el tiempo. De todos modos, como no puedo con mi genio, cada tanto aparezco con una listita y pongo locos a todos.

-Cada dos o tres meses te dan por embarazada nuevamente. ¿Tenés pensado darle un hermanito a Chloé este año?

-No, no creo. Por el momento no está en los planes. La verdad es que estamos tan bien los tres que volver a empezar… Recién estoy por cumplir 35 años, así que todavía me queda un tiempo para volver a ser madre. Nosotros disfrutamos tanto la vida en pareja que no me quiero apurar a tomar la decisión. Un bebé es hermoso, pero te saca de tu eje y te obliga a concentrarte en él. Además, nosotros ya somos una familia amplia: Chloé tiene tres hermanos del anterior matrimonio de Martín. Somos una banda.

-¿Cómo es Chloé?

-¡Un avión! No para nunca y encima tiene unos hermanos que la malcrían todo el tiempo, porque es la más chiquita de la familia. Pensá que sus medio hermanos tienen ¡14, 23 y 27! Y encima es la primera nena de Martín, así que está súper baboso Y yo soy madre primeriza Es todo un combo explosivo.

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