Economía

Taba, dados y naipes, los males que acosaron a don Gaspar



La pasión por el juego dejó en la calle a muchas familias e hizo perder fortunas. En el Buenos Aires del 1830 son bien conocidas las partidas de dados en la casa de Braulio Costa, a la que concurría Facundo Quiroga, donde se jugaba fuerte. Probablemente esa pasión llevó a don Gaspar de Salinas a tener muchos disgustos con su mujer doña Marta Rodríguez de Ruescas con la que había casado en Córdoba del Tucumán en 1620, o sea hace cuatro siglos. Él era hijo del licenciado don Juan Martínez Vaz y de María de Salinas, mientras que su esposa era también «otro apellido y persona de respeto» según la información del R.P. Pedro Grenon, hija de don Diego Rodríguez de Ruescas y de Isabel Nadal, todos vecinos de la ciudad. Don Diego era propietario de una inmensa heredad de campo, que incluía Tanti que le había sido otorgado en encomienda. Don Diego e Isabel tenían cinco hijos. Sebastián, nacido en 1587, fue cura en Córdoba y rector del seminario local, lo mismo que Diego del 1598 que ejerció su ministerio espiritual en el Totoral; Diego que murió soltero, Francisco el mayor de todos fue capitán del ejército y tuvo una sola hija y, como dijimos, Marta, mujer de Gaspar de Salinas, ambos padres de seis hijos.

Don Gaspar era un sujeto respetable, estaba al frente de grandes tierras heredadas por su mujer y hHabía sido Alférez Real en 1599. Pero era apasionado por el juego, no se conocía entonces el término ludopatía ni existían asociaciones para recuperar a los que incurren en el vicio, ni psicológo que ayudase. Por eso don Gaspar, que era hombre de fortuna, y pronto a ser Procurador General de la Ciudad, por temor a alguna impugnación fue a la escribanía e hizo esta exposición, que el notario tomó con toda prolijidad. «Escritura de no jugar. En la ciudad de Córdoba, a 20 del mes de agosto de 1639 años. Ante mi, el escribano público y testigos, pareció presente don Gaspar de Salinas, vecino de esta ciudad. Y dijo que, por muchos inconvenientes que le ofrecen de jugar juego, de naipes, dados y taba, y otros juegos, que se inventaren y otra persona, o por él se obliga que por diez años, que comienzan a contar desde hoy, dicho día, no jugara ninguno de dichos juegos de naipes, de ninguna calidad que sea, ni dados, ni trucos, ni taba, ni otros ningunos juegos inventados ni que se inventaren, ni por él, ni por el juego que por el mismo inventare, jugará ninguna persona, en poca ni en mucha»

«Escritura judicialmente esta promesa o determinación, bajo la multa que ha de pagar o que le puedan cobrar, de 500 pesos, a favor de la Inquisición de la Fe».

Con humor el padre Grenon lo trata de «edificante jugador». Don Gaspar ejerció otros cargos en Córdoba y jamás dio que hablar y cumplió su promesa. En 1645 hizo su testamento, pero vivió unos cuantos años, más terminando sus días en 1667. Lo cierto es que por este documento y por su famosa pasión por el juego sabemos que la taba tiene casi cuatro siglos en nuestra tierra.

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