Economía

Se parece mucho a Cristina Kirchner la «nueva» normalidad de Alberto Fernández


Editorial de Willy Kohan en LN+

06:51

Se va

complicando la situación económica

y social en la Argentina: todo agravado con la parálisis casi total por la

cuarentena

que lleva dos meses más el fantasma del default que no se termina de despejar. Y comienzan otra vez a potenciarse temores e interrogantes muy de fondo entre los actores económicos sobre el rumbo y las decisiones de gobierno que irá adoptando la administración de

Alberto Fernández

, a medida que se vaya organizando la «nueva normalidad» en el país.

Para simplificar, la pregunta que atemoriza a inversores y contribuye a profundizar la recesión y la salida de capitales, es si la crisis económica y social que inexorablemente le espera a la Argentina en los próximos meses -con default o sin default- terminará volcando finalmente todo el gobierno de Alberto Fernández a las opciones más radicalizadas que representa

Cristina Kirchner

y los «científicos» del Instituto Patria.

Bastantes señales han aparecido en las últimas semanas en ese sentido, no solo en la agenda política, también la judicial, desde la liberación de presos hasta sugerir retoques en la Corte Suprema. El crecimiento del poder territorial y económico de los espacios de Cristina en el Gobierno han sido evidentes, y todo indica que continuará batallando en ese camino. Ya no hay loteo horizontal del Gabinete en los organismos clave que controla la expresidenta: Anses o Pami, por caso. El Banco Central, Cancillería, la Comisión de Valores, Acción Social o Justicia son dependencias todavía no conquistadas del todo.

La novela del default o el acuerdo con los acreedores servirá para medir hasta dónde Alberto está dispuesto a repetir del todo la historia de Cristina, o tal vez profundizarla con más Estado y mayores impuestos e intervenciones, con

el cuento de que el coronavirus

fulminará al capitalismo y a la propiedad privada «en todo el mundo».

La cuestión es si la profunda crisis que sobrevendrá en la Argentina no terminará determinando que la nueva normalidad de Alberto Fernández sea finalmente la obra inconclusa de Cristina, aquello que la vicepresidenta anunció como el «nuevo contrato social» que viene a proponer. Comenta el colega Alberto Valdez que se le atribuye a Máximo Kirchner esta reflexión: «El país que salga de la pandemia no puede ser el mismo que entró en la cuarentena».

Más Estado, más impuestos, regular ganancias y modos de producción, dar batalla a los bancos y el capitalismo financiero, redistribuir ingresos desde el Estado y demás ideas son las que comparte la nueva generación que busca el poder: el propio Máximo, Axel Kicillof, los coroneles y coronelas de La Cámpora y hasta buena parte de la mesa chica del propio Presidente, nostálgicos setentistas moderados del Barrio Norte y Palermo que sueñan con el viejazo de la revolución.

Entre tanto, para fogonear el misterio sigue incierta la estrategia argentina frente a Wall Street. Nunca ocurrió en la historia de las reestructuraciones que un deudor primero presenta una oferta a todo o nada sin acordar y, como fracasa, después la retira y abre una negociación. Sería como si en una mesa de póquer un jugador levantara una apuesta y, antes que el contrario responda, mostrara sus cartas para perder seguro.

Ahora que la gran mayoría de los acreedores rechazó la oferta inicial, mejorarla saldrá probablemente más caro, además de los meses que se perdieron por no resolver el problema e insistir en una estrategia que siempre se supo sería rechazada por los acreedores. La demora costó miles de millones de reservas y contribuyó a triplicar el riesgo país, duplicar la brecha y llevar el dólar a las nubes. ¿La idea del ministro Martín Guzmán será evitar el default o tratar de justificarlo?

Las alternativas para pagar los intereses atrasados y futuros, además de subir un par de puntos la tasa promedio para los nuevos bonos sería la fórmula para llegar a un acuerdo. Decide el Presidente con final abierto hasta el 22 de mayo, tal vez más allá de esa fecha, prolongando la agonía y la incertidumbre.

El problema es que aún evitando el default, nadie tiene del todo claro cómo hará el Gobierno para evitar que se incube una bomba inflacionaria con un déficit fiscal que puede quintuplicarse y una emisión monetaria que puede terminar triplicando la base monetaria.

No ha mostrado hasta ahora el equipo económico del Presidente capacidad de recomponer la confianza. Se triplicó el riesgo país y voló casi a 100% la brecha cambiaria desde diciembre. Con este elenco que agravó la crisis, a punto de convertir en real y llevar al extremo el default virtual que dejó Mauricio Macri, debería el Presidente tratar de cambiar las expectativas.

No solamente la macroeconomía. La crisis por venir por la cadena de pagos rota y los contratos incumplidos entre las empresas y entre los privados será considerable. Ya circulan por lo menos 5 proyectos de ley en el parlamento para agilizar y facilitar los concursos y acuerdos de acreedores.

Hoy las empresas observan que sus pasivos crecen en forma exponencial, no pueden vender, acumulan deudas y sus directivos tienen restricciones legales para definir a quién se le paga y a quién no. Una discusión similar a la que se dio en el país tras el estallido de la Convertibilidad en 2001, para salir de la crisis, oxigenar a las empresas y recomponer capital de trabajo. La batalla entre las empresas endeudadas, los bancos, los proveedores, inquilinos y propietarios, recién está por comenzar.

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