Economía

Gimnasios low cost: el ejercicio entra en modo ahorro


En medio de la crisis, las cadenas que ofrecen membresías más económicas ganan terreno con propuestas más básicas y contratos de corto plazo


Fuente: LA NACION – Crédito: Ariel Escalante

Con la crisis económica y la caída del poder adquisitivo, las cadenas de gimnasios de bajo costo (low cost) como On Fit, Fiter y Smart Fit se instalaron con la idea de abarcar el mercado local. Para ello, necesitaron idear distintos planes que pudieran potenciar
el negocio del
fitness.

Guido Miguez y Juan Pablo Gotelli iniciaron el proyecto de On Fit allá por 2014, cuando el dólar no superaba la barrera de los $8. Necesitaron más de seis meses en encontrar un local que reuniera los requisitos que querían para el emprendimiento: tenía que medir entre 1000 y 2000 metros cuadrados, estar en un lugar clave, que sirviera para posicionar la marca y que éste, a su vez, fuera inclusivo. Lavalle 925 fue el elegido, con 2000 metros cuadrados y a unas cuadras del Obelisco.

El siguiente desafío radicaba en posicionar la marca, diferenciarse de los gimnasios tradicionales y barriales que ya estaban instalados en el mercado local. «Cuando arrancamos, tanto Megatlon como SportsClub tenían muchos años brindando un servicio y nosotros teníamos que salir a armar, a mi juicio, otro modelo de negocio que no existía y que coincidió con lo que me gustaba», dijo Miguez, uno de los fundadores de On Fit.

Entre las ocho sedes que tienen distribuidas en Capital y el Gran Buenos Aires hoy suman cerca de 150 empleados entre personal propio y tercerizado. Para expandirse como cadena
fitness, han aceptado vender un porcentaje mínimo de acciones a pequeños inversores y de esta manera consiguieron financiamiento para abrir más sedes en lugares relativamente cercanos.

Parte del éxito de los gimnasios
low cost se basa en no atar a los clientes con contratos a largo plazo. Le hacen a los clientes propuestas simples, claras y concretas, fáciles de entender y con pocas opciones de precios. «Nuestro precio es uno solo; en la medida que compras más plazos, la cuota es aún más baja. Los contratos pueden ser por un año o por el tiempo que elijan nuestros clientes. Un mes, seis meses o el tiempo que deseen», avisó Miguez.

Según un informe realizado Mercado Fitness, las propuestas
low cost no necesariamente alientan a los consumidores a gastar menos porque no se trata sólo de precios bajos, sino de una filosofía organizacional nueva, en la que pagar más no garantiza tener una mejor calidad de servicio. El estudio además asegura que el crecimiento de estas propuestas afectará a los gimnasios tradicionales que ofrecen un poco de todo, con un nivel de servicios promedio.

«Cuando llegamos a un barrio no es para quitarle clientes a los que ya están trabajando, sino para motivar a más gente a entrenar. La industria argentina es muy joven y todavía hay mucho por hacer. Nosotros tratamos de que nuestros clientes tengan lo que necesitan y no aparatos o piletas que no van a usar y que podrían incrementar los costos de mantenimiento y administrativos», agregó Miguez.

El empresario explicó que lo que sucede con las grandes cadenas de gimnasios, es que muchas veces, un porcentaje importante de los clientes subsidia a aquellos que hacen pileta o actividades con chicos, que terminan encareciendo los precios generales. «Esos clientes terminan pagando una cuota que es el triple de lo que pagaría con nosotros por un montón de servicios que no usa».

La cuota mensual de On Fit es de $990. Smart Fit cobra $999 en el Plan Smart y $1199 del Plan Black. Fiter $1190 del Plan Club y $1290 en el Plan Red.

Para el cliente «tiene que ver con hacer una compra inteligente, en pagar sólo por lo que usas. Eso nos permite tener costos más ajustados y después tener una rentabilidad más razonable. Uno puede aspirar a tener distintos tipos de rentabilidades a mediano y largo plazo, en donde trabajando en volumen, el negocio empieza a tener color. No es lo mismo cobrarle $100.000 a una persona que cobrarle $1000 a 100», explicó el dueño de On Fit sobre el funcionamiento de la marca.

Con precios accesibles, los gimnasios
low cost brindan calidad y ponen el foco en lo esencial. Lo poco que hacen lo hacen bien, porque aunque el consumidor pague menos, sus expectativas siguen siendo altas. Es por eso que ofrecen ambientes limpios, agradables y acondicionados con la mejor tecnología con máquinas de primer nivel, explica el informe de Mercado Fitness.

«La posibilidad de lograr escala y algunos de los recursos, en muchas sedes. Por eso es que, son cadenas que tienen muchos alumnos por sedes, porque los márgenes son más bajos que los de un modelo tradicional de gimnasio y necesitan altos volúmenes de clientes. Por eso es que cuando una cadena de este tipo entra en una ciudad, abre muchas sedes en el mismo lugar y no se disgregan porque pierden el poder de cadena y el argumento de venta del socio de que pueden entrenar en cualquiera de las sedes», dijo a LA NACION Guillermo Vélez, director de Mercado Fitness.

Esta idea de llegar a más público con precios accesibles a todos los bolsillos, ha venido funcionando en países como Estados Unidos, Alemania, España y Brasil países. El pionero en Latinoamérica fue Smart Fit, integrante del grupo brasileño Bio Ritmo y abrió su primera sede en 2009, en la Argentina recién se instaló en enero de 2019.

Para abrir la primera sede, los socios de On Fit necesitaron poco más de US$1 millón; parte de este dinero salió de los ahorros de ambos, que ya venían trabajando en el rubro, contrajeron deuda con la banca y con importadores para adquirir el equipo. «Hemos ido pagando todo de a poco. Nos queda pagar algo de máquina, pero muy poco y lo que hacemos es ir reinvirtiendo utilidades, pensando también en que se trata de un negocio a mediano y largo plazo», dijo el empresario.

El eslogan de On Fit es que es una cadena
low cost con servicios premium. Aunque parezca contradictorio, desde la compañía entienden que se puede dar un servicio de primer nivel a un precio bajo. De acuerdo con uno de los propietarios de la compañía, «en todas las sedes trabajan con salas de musculación, con profesores dispuestos a guiar a la gente, con entrenamiento funcional,
spinning virtual, remo, zumba y clases grupales».

Según los especialistas, el modelo de gimnasio tradicional que hoy existe, es atractivo para el actual usuario de
fitness, por lo tanto, para poder atraer a los nuevos consumidores, es necesario reinventar la industria. Y quienes sean capaces de crear una oferta de servicio que contemple a los no clientes, tendrán más probabilidades de triunfar.

Entre los 25.000 clientes que suma On Fit en las ocho sedes, predominan en su mayoría, jóvenes que se acercan por primera vez, adultos y personas de la tercera edad que buscan hacer actividad física por recomendación médica y los que quieren prepararse para alguna competencia en específico.

En los próximos meses, On Fit planea abrir otras cuatro sedes en el gran Buenos Aires, que les permita sostener el modelo de negocio con el que han venido trabajando en los últimos años.

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