Economía

Coronavirus. Son jóvenes, se anticiparon a la pandemia y armaron negocios redituables



Las camillas rosarinas de Nümorph

Las tres historias se asemejan entre sí: son jóvenes, emprendedores, del interior y con el


Coronavirus

enfrente, no perdieron un minuto en reinventarse y redireccionar su negocio.

Cuando en diciembre del año pasado proveedores chinos le contaban a Emilio Usman de la situación crítica que atravesaban en ese país por la pandemia del Coronavirus, supo que tarde o temprano ese escenario se vería en la Argentina.

Hace ocho años que la empresa


rosarina

de Usman, que cuenta con 72 empleados, fabrica cocinas de alta gama para restaurantes y familias. El joven emprendedor entendió que, con un gran stock de cocinas en depósito, las ventas se detendrían, por lo que debía redireccionar el negocio.

Habló con el ingeniero de su negocio, Germán Godoy, y le comentó su idea: «Debemos diseñar una puerta sanitaria, porque cuando todo empiece a volver a la normalidad, la prevención llegará para quedarse y este producto va a ser muy útil», le dijo.


La puerta sanitaria de Usman tiene un valor de 55 mil pesos y ya cuenta con más de 1500 pedidos
La puerta sanitaria de Usman tiene un valor de 55 mil pesos y ya cuenta con más de 1500 pedidos

«Quería un diseño además de sanitario, estético. Habíamos hablado con infectólogos y profesionales de la salud quienes nos dijeron que el pórtico debía ser de acero inoxidable. Lo bueno es que nosotros contábamos con ese material», cuenta a

LA NACION

.

El 30 de marzo tuvieron los permisos y sin dormir por cinco días, se pusieron manos a la obra para armar los procesos productivos. El pórtico tiene un sensor de movimiento. En cada ingreso, la persona se debe detener por cinco segundos y girar sobre su eje al menos dos vueltas.

Además de la estructura de acero y los sensores, la puerta tiene una bomba que lleva la solución sanitizante a los picos pulverizadores. «Esa solución es de venta libre y cada bidón de cinco litros, que cuesta alrededor de $2500, alcanza para 5000 ingresos. Hoy, lo que cuesta conseguir son las bombas, por lo que estamos en tratativas para importarlas de Italia», explica.

A un valor de $55.000 y con más de 1500 pedidos, la puerta sanitaria es un boom. «Nos llamaron de Panamá, Costa Rica, Paraguay y Ecuador, interesados en las puertas; también de las instituciones gubernamentales y de los shopings. El lunes comenzamos a colocarlas en Rosario y a locales comerciales en la provincia de Buenos Aires», detalla.

Usman aclara que estas puertas no flexibilizan la prevención. «Es solo un granito más de arena a la protección, lo que hace es cortar la circulación del virus», concluye.

De castillos inflables a camillas

Hace tiempo Hernán y Fernando Batalles se pusieron a trabajar en la fábrica familiar de inflables recreativos para chicos. Luego con Nümorph, los hermanos buscaron dar un salto y dedicarse a productos tipo corporativo, como carpas y stands.

En plena mudanza de su industria, llegó la cuarentena y con ella el parate en la producción. Como pyme de 15 empleados, la situación que les esperaba por delante era complicada.

A principios de abril, un paramédico que hacía viajes en helicópteros para una empresa de salud y que ya les había comprado una camilla inflable, les pidió otra, pero con más seguridad y protección contra el Coronavirus. «Diseñamos un producto con la ayuda de Pablo, el paramédico que nos dio el apoyo técnico», cuenta.


Las camillas constan de orificios para poder colocar oxígeno o un respirador
Las camillas constan de orificios para poder colocar oxígeno o un respirador

La camilla es una cápsula sellada, que sirve como una barrera más al momento de trasladar a una persona infectada y ayuda a que el profesional de la salud no se contagie. La lona tiene un entramado de hilo recubierto de PVC, con un tratamiento ignífugo, no tóxico y un acabado brillante de fácil desinfección. Consta de orificios para colocar oxígeno o un respirador. Al momento de no usarla se guarda en un bolso de mano.

Desde el 8 de abril llevan vendidas 70 camillas a organismos de Gobierno y empresas privadas. Los valores van desde $20.000, de acuerdo con las características y las cantidades pedidas. «Buscamos cubrir los costos de sueldos y sobre todo subsistir como pyme al Coronavirus», concluye.

Desde Corrientes, de talleres de camisas a hacer barbijos

Si de reconstruirse se trata, los hermanos Zorrilla tienen un máster cada uno en el bolsillo. De sangre sirio libanesa, no es la primera vez que los


correntinos

Oscar y José Elías, de 45 y 44 años, deben adecuarse a situaciones adversas durante su larga historia de trabajo.

Hace cinco semanas, divisaron una vez más que el panorama que se avecinaba por el avance del Coronavirus, era peor que en otras oportunidades. José Elías, dueño de Pringamosa, contó que estaban terminando la temporada de verano en sus locales de


Pinamar

y


Cariló

, esperando Semana Santa que es el momento más importante de final de temporada. «Pero se decretó la cuarentena que nos cortó prácticamente al medio», recuerda a

LA NACION.


Los hermanos Zorrilla con su empresa Pringamosa fabrican 3000 barbijos diarios
Los hermanos Zorrilla con su empresa Pringamosa fabrican 3000 barbijos diarios

Con casi 30 años en el rubro y varias crisis en sus espaldas, sabían que la pandemia iba a golpearlos de lleno y que la recuperación no iba a ser a corto plazo. Lo importante era actuar de manera precisa y veloz.

«Advertimos que esto iba para largo y que cuando todo vuelva a la normalidad nuestra actividad iba a estar muy afectada. Decidimos no quedarnos de brazos cruzados y apelar al ingenio», dice.

Las opciones no eran muchas pero el llamado de un cliente fue la luz que les prendió la lamparita. Les pidió que le fabriquen, en forma urgente, una importante cantidad de barbijos para el personal de su empresa. Sobre la marcha convirtieron sus talleres de camisas, chalecos y remeras en una fábrica de barbijos, cofias, mamelucos y delantales.

Llamaron a sus proveedores para cambiar los pedidos de géneros de algodones y piqué por un buen volumen de friselina. Tres días de desarrollo le llevó llegar al producto deseado. Y luego de la aprobación del cliente, alinearon todos los recursos posibles para encaminar el trabajo.

Ese primer cliente los recomendó y después de ese pedido, se sumaron muchos más. Hoy tienen una capacidad de 3000 barbijos diarios, con el objetivo próximo de llegar a 7000 unidades para atender mejor a la demanda. «Nunca lo habíamos hecho, era todo un desafío. Pero sentíamos que después del primer encargo podían venir muchos más», concluye.

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