Economía

Agricultura, un ministerio sin poder en medio de las tensiones con el campo



Mientras la Mesa de Enlace evalúa un paro de comercialización, la cartera que conduce Basterra exhibe limitaciones políticas; organizan protestas en Tucumán Fuente: Archivo

Cuando en 2009 Cristina Kirchner creó el Ministerio de Agricultura y designó a Julián Domínguez al frente del organismo, llegó a esa cartera con la impronta de contener a la Mesa de Enlace, luego del conflicto de 2008 por las retenciones móviles. Recibía a los ruralistas con mates, tenía largas reuniones, pero -a juzgar por los referentes del campo en ese momento- era poco lo que en realidad se terminaba traduciendo en medidas ante los planteos del sector.

Domínguez venía de estar en la Legislatura bonaerense como diputado y Néstor Kirchner lo había bendecido para ese lugar porque le veía cintura política para manejar el vínculo del gobierno con el campo.

Hace unos días, once años después de esa estrategia de los Kirchner, ruralistas de la Asociación Civil de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (Apronor) dijeron en un comunicado que el actual ministro, Luis Basterra, «es un funcionario que nos escucha, nos entiende y ceba ricos mates, mientras el Poder Ejecutivo nos aumenta los derechos de exportación…».

Fue una manera de expresar el enojo porque los productores del NOA, con distancias de 700 a más de 1000 kilómetros de los puertos, siguen sin recibir gestos ante un pedido para que las retenciones no superen el 5 por ciento.

Vale recordar que el Gobierno ya subió de 24,7% a 30% las retenciones a la soja y del 6,7% al 12% en trigo y maíz, entre otros productos, y tiene el aval del Congreso para subirlas otro 3% cuando quiera.

El paralelismo

Lo de los «ricos mates» podría funcionar para un paralelismo con 2009, pero con matices.

El Gobierno ha puesto en una especie de cuarentena, que ya lleva más de dos meses, al Ministerio de Agricultura, que conduce Luis Basterra, un chaqueño, ingeniero agrónomo, vegetariano aunque no fanático de ello, y exdiputado nacional por Formosa, donde trabó una relación intensa con el gobernador Gildo Insfrán, de quien también fue su ministro de Producción y Ambiente.

Los ruralistas que hablan con Basterra le reconocen que tiene cintura política y que en cada charla por teléfono pregunta sobre el humor de los productores en el interior. Pero esos mismos ruralistas saben de las limitaciones que tiene la cartera de Agricultura.

La semana que pasó, la Mesa de Enlace dejó en suspenso un paro luego de un llamado de Basterra. Mientras los dirigentes estaban reunidos, el ministro se comunicó, según contaron fuentes agropecuarias, y los invitó a un encuentro para la semana entrante. Un compás de espera ante la advertencia por medidas de fuerza.

No obstante, tanto es el malestar que anteayer, luego de una asamblea en San Miguel de Tucumán, los productores de Apronor y de la Sociedad Rural de Tucumán se cortaron y decidieron hacer por su cuenta un paro de siete días, desde el lunes 2 de marzo.

«Cuando las decisiones a tomar no son importantes o representan un costo para el Estado, todo parece marchar bien. Pero cuando sí lo son, ahí se complica», contó un ruralista de las entidades.

Lo que preocupa a las organizaciones del agro, más allá de la presión impositiva, es que «no hay lineamientos de la política agropecuaria, no se sabe qué quieren hacer con el campo. Parece atado todo a lo que pueda autorizarse desde el Ministerio de Economía o que no pueden tomar nada hasta que termine la negociación por la deuda», agrega.

Con el gobierno anterior se abrieron más de 30 mesas de competitividad, en las que hasta el propio Mauricio Macri participaba para evaluar planteos de los diversos sectores. Ahora no se conoce qué hará el Gobierno con eso.

La orden del oficialismo sobre esa dependencia es la de mantener la prudencia en la relación con el campo: no exponerse demasiado, dialogar, sí, pero no comprometer definiciones fuertes. Al menos, hasta ahora.

En ese trasfondo busca moverse Basterra. En rigor, mientras se aguarda el encuentro con la Mesa de Enlace, Basterra viene de escuchar a arroceros que piden que esa producción sea considerada una economía regional, para que en lugar de 9% de retenciones para el producto industrializado tribute un 5 por ciento.

Entre otros puntos, cuando aprobó la ley de emergencia, el Gobierno fijó que las retenciones para las economías regionales no deberán superar el 5%, pero el mismo Poder Ejecutivo debe decir qué productos entrarán.

Negociación y habilidades

«Basterra es un buen político, tiene capacidad de negociar, conoce el sector -en 2015, como diputado nacional, fue autor de un proyecto bien recibido en el agro para desgravar de Ganancias la venta de fertilizantes que tuvo media sanción en la Cámara baja-, pero no sabemos qué poder político tiene», reflexionó otro ruralista.

Basterra llegó al ministerio cuando Gabriel Delgado, exsecretario de Agricultura con Cristina Kirchner, parecía el hombre puesto para ese lugar. Al final, por un perfil más político, la influencia de Insfrán y hasta con el visto bueno de la expresidenta, Basterra ganó el espacio.

En el Gobierno la estrategia que se bajó hasta ahora para el Ministerio de Agricultura es también evitar temas conflictivos ante la prensa. Basterra se expone poco, lo hace cuando hay algo más institucional. La prudencia es la palabra que se pone en escena, y se insiste en el día a día para graficar el momento actual.

A diferencia de otros ministerios, claramente más activos, la posibilidad de un conflicto fuerte con el campo es también otro factor que hace que todo se ponga sobre la lupa a la hora de tomar decisiones.

Se remarca en el Gobierno que las definiciones que se puedan tomar también involucran otras áreas y que el Ministerio de Agricultura no es autónomo.

Tan prudentes se quieren mostrar en el Gobierno que, hasta el momento, no hubo declaraciones de los funcionarios que pudieran generar más malestar como ocurría durante el gobierno de Cristina Kirchner.

El Twitter de la vicepresidenta, por ahora, está calmo de expresiones en relación al campo. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, por ejemplo, dijo en varias oportunidades que no debía repetirse el conflicto de 2008 y que se necesitaba del campo para salir de la crisis.

El Presidente también expresó lo mismo, pero en el campo sienten que no hay política, no está definida o todavía no se quiere mostrar. ¿Brindará lineamientos en la próxima inauguración de sesiones ordinarias, el 1° de marzo?

En el campo todo eso fue registrado, pero, a dos meses del nuevo gobierno, en el sector tienen la convicción de que sus planteos, como evaluar medidas para aliviar la mayor carga tributaria en general, no tienen respuestas concretas. Hay cosas que hasta la mayor prudencia o estrategia no pueden ocultar.

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