Deportes

«Mundialito de Uruguay», aquel torneo repleto de estrellas del fútbol que la historia olvidó



Diego Maradona formó parte del Mundialito, jugado en Montevideo entre diciembre de 1980 y enero de 1981.

Si hubo un torneo que ha quedado en el olvido, aunque muy importante en su momento y luego bien registrado en el archivo del fútbol mundial, ese fue el de la

Copa de Oro de Campeones del Mundo,

disputada entre el fin de 1980 y la primera quincena de enero de 1981 en el remodelado Estadio Centenario, de Montevideo, Uruguay.

Luego de casi cuatro décadas,

LA NACION

repasa los sucesos deportivos y políticos más importantes del

«Mundialito»,

ganado por el seleccionado local y organizado con motivo del 50º aniversario de la primera Copa del Mundo, celebrada en el mencionado país y definida en la misma cancha, entre Uruguay (4) y la Argentina (2).

Un campeón casi imbatible en su casa

Además del anfitrión, protagonizaron el Mundialito la Argentina, Brasil, Alemania Federal, Italia y Países Bajos. La presencia de este último, dos veces subcampeón mundial hasta ese momento, se debió a que Inglaterra había decidido no viajar a raíz de la fecha del certamen.

La etapa inicial del campeonato contuvo dos grupos de tres equipos cada uno. En el A estuvieron el anfitrión, Italia y el conjunto invitado, y en el B, la Argentina, Alemania y Brasil. De cada zona surgió un finalista: Uruguay y el equipo

verde-amarelo

, las mismas selecciones que habían definido, aunque sin que aquella vez se tratara de una final, el Mundial Brasil 1950.

El local se clasificó con dos victorias (sendos 2-0 sobre Países Bajos e Italia, que igualaría entre sí en un tanto), y la

canarinha

, con una igualdad (1-1 vs. Argentina) y un triunfo (4-1 a Alemania). El vigente campeón del mundo igualó en puntos (3) con Brasil, pero quedó detrás en diferencia de goles (superó a los germanos por 2-1).


El estadio Centenario, sede de Brasil 4 vs. Alemania 1.
El estadio Centenario, sede de Brasil 4 vs. Alemania 1.

La final tuvo el mismo resultado que aquel que decidió Brasil ’50: con un 2-1 a la

verde-amarela

,

Uruguay festejó triunfal.

Con un lazo entre el inolvidable Maracanazo y el festejo como dueño de casa: Roque Máspoli, el arquero de la gesta en suelo adversario, era el director técnico de este nuevo campeón. Y así Uruguay extendió su fama de casi invencible en el Centenario. Lo hizo en un lindo torneo, que con 19 tantos en siete partidos tuvo un buen promedio de 2,7 conversiones por encuentro.

El interés que generó la competencia se sustentó en buena parte por el renombre de los figuras que participaron, como

Diego Maradona, Ramón Díaz, Mario Kempes, Daniel Passarella,

Leopoldo Luque y Américo Gallego por la Argentina;

Toninho Cerezo y Sócrates

por Brasil;

Harald Schumacher,

Klaus Allofs y

Karl-Heinz Rummenigge

por Alemania Federal; Waldemar Victorino (con tres, fue el único autor de más de un gol en el certamen), Venancio Ramos, Rubén Paz y Ariel Krasouski por Uruguay;

Carlo Ancelotti

por Italia, y los hermanos

Van De Kerkhof

e Jan Peters por Países Bajos.

El documental y el olvido

«Pertenecer a una generación que en esa época tenía entre cinco y diez años nos impulsó a trabajar sobre un tema que ha marcado a la sociedad uruguaya». La frase, correspondiente al creador y director del documental Mundialito, Sebastián Bednarik, fue el disparador para que la película se estrenara en 2010. Con la intención de sacar a la luz lo sucedido en lo político y lo social durante el gobierno militar (1973-1985), el documental fue realizado gracias a una profunda búsqueda de archivos y 70 entrevistas.

Ezequiel Fernández Moores, columnista de

LA NACION

,

lo comparó

en el propio 2010 con la película

The 16th Man

(«El decimosexto hombre») referida al Mundial de rugby Sudáfrica 1995, y Fernando López, crítico de cine de

LA NACION

,

publicó su opinión

en 2011.

El largometraje saca del olvido este campeonato para que quede presente en la historia del fútbol. Sin embargo, en los sitios de Internet de la FIFA y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) actualmente no hay registro alguno del éxito de la selección local.

En tanto,

ni el propio plantel campeón ni su federación llevaron a cabo un reclamo formal para recibir algún reconocimiento por el título.

Sí hubo, pero a cargo de la intendencia de San José y 35 años después, en 2016, un homenaje en Hostería del Parque, sede de la concentración del plantel celeste. La conquista de la Copa de Oro causó gran alegría en Uruguay, y fue un gran éxito entre dos profundas decepciones futbolísticas: las no clasificaciones para los mundiales Argentina 1978 y España 1982. Sin embargo, con el tiempo el logro quedó algo eclipsado por los éxitos internacionales de clubes uruguayos en la época: Nacional, en 1980, y Peñarol, en 1982, obtuvieron las copas Libertadores y Europeo-Sudamericana.

La cara política de la competencia

Por su parte,

el gobierno de facto uruguayo

tomó como ejemplo la organización de la Copa del Mundo de 1978 para hacer algo similar dos años después y mostrar su «éxito». La ceremonia inaugural, a estadio lleno, con canción oficial e himno, fue una vitrina perfecta.

En la escena de la época tallaban importantes personalidades políticas y deportivas: el hoy ex jefe de Estado Jorge Battle, el marino Yamandú Flangini (el máximo dirigente de la AUF en los años ochentas), los ex integrantes del plantel campeón Fernando Álvez y Hugo de León, presos políticos, militares, guerrilleros tupamaros y presentadores televisivos, entre otros.


Ramón Díaz en seleccionado argentino, durante el 2-1 sobre Alemania.
Ramón Díaz en seleccionado argentino, durante el 2-1 sobre Alemania.

Uno de los más influyentes para que la Copa de Oro fuera disputada en ese tiempo en suelo uruguayo fue

el inversor y periodista italiano Silvio Berlusconi.

El empresario nacido en Milán, futuro presidente del club Milan y futuro primer ministro de Italia, utilizó el torneo para impulsar definitivamente su carrera en el mundo de los negocios de los medios de comunicación y el fútbol. El 21 de diciembre de 1980 compró los derechos de televisación del certamen para 43 países y venderlos al empresario uruguayo Angelo Vulgaris.

El mes previo al campeonato, el Estado convocó a un plebiscito obligatorio nacional para consultar sobre la reforma de la Constitución Nacional, con el objetivo de ganarse el voto del pueblo. A pesar de sus esfuerzos, el «no» derrotó al «sí», por 57 contra 43% (en Montevideo la diferencia fue mayor, con 63,25 a 36,75%, impulsada por movimientos sociales opositores).

El resultado negativo derivó en que el festejo político superara al deportivo y en que la organización de la Copa de Oro no cumpliera la misión de ser pantalla política de la cruda realidad. Empresarios y militares evidenciaron su enojo por los números del plebiscito. El grito de los hinchas en el Centenario durante el torneo fue considerado la voz de la mayoría de un país cansado del proceso de facto más largo de la historia de Uruguay:

«Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar».

En el puntapié inicial, frente a una multitud, el presidente de la FIFA, João Havelange, calificó como «buena gente» al mandatario de facto Aparicio Méndez. El elogio pasó a la historia.


Uruguay, ganador de la Copa de Oro de Campeones del Mundio.
Uruguay, ganador de la Copa de Oro de Campeones del Mundio.

Si hubo una figura futbolística a la cual se extrañó mucho, esa fue el volante ofensivo neerlandés

Johan Cruyff,

también ausente en Argentina 1978. Pero tampoco participó otra estrella de su país, Ruud Krol, defensor de la Naranja Mecánica, que manifestó que trasladarse al otro lado del mundo en época de Navidad excedía sus «competencias de futbolista profesional».

A diferencia de la internacional, la televisación interna de Uruguay no fue en colores. Y la transmisión radial sería la última de un gran acontecimiento deportivo por parte del relator Víctor Hugo Morales (Radio Colonia), que pronto emigraría a la Argentina.

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