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La crisis de Independiente sacude las bases del poder de los Moyano



Hugo Moyano habla y lo escucha su hijo Pablo; ambos están hoy en el ojo de la tormenta generada por la crisis de Independiente. Fuente: Archivo

¿Quiénes son los principales responsables de este momento de
Independiente? La pregunta, con más o menos variantes en su enunciado, surgió en las redes sociales de las principales páginas partidarias del
Rojo apenas horas después de la dura derrota en el clásico contra
Racing. Las respuestas, en todos los casos, fueron semejantes: tres de cada cuatro dirigieron sus dardos a la dirigencia; el resto apuntó a los jugadores. El resultado es toda una novedad: por primera vez desde que asumieron los máximos cargos del club, los
Moyano sufren semejante nivel de reprobación. Por primera vez su poder absoluto comienza a estar seriamente discutido.

Fue en julio de 2014 cuando Hugo y Pablo Moyano ganaron la elección y asumieron el mando de una institución en plena bancarrota. Apenas un mes antes el Rojo había logrado angustiosamente retornar a la primera A, pero el estado financiero, organizativo y estructural de la entidad era una ruina. Su primer mandato fue un éxito: a la finalización de la construcción del estadio, las obras de remodelación en los diferentes predios y el saneamiento en las cuentas se agregó la guinda de la obtención de la Copa Sudamericana 2017. En diciembre de ese año, la reelección fue un paseo: Moyano ganó con 89% de los votos. Hoy, dos vueltas de almanaque después, todo ha cambiado.

El 0-1 ante el rival del barrio, más que por el resultado en sí e incluso por encima de las circunstancia de jugar 45 minutos con dos futbolistas más, connotó la endeblez futbolística de un proyecto que tiene abiertas varias vías de agua. El «episodio Pablo Pérez» en la semana previa a la visita al Cilindro y la pobreza del juego exhibido por el Rojo fueron las gotas que colmaron la paciencia, y el diagnóstico general es casi unánime: los problemas vienen desde arriba.

El lunes, cuando no habían pasado 24 horas del disgusto por la derrota, Pablo Moyano, vicepresidente primero y auténtico brazo ejecutivo del club, estaba en Venezuela atendiendo sus tareas políticas y sindicales. Las fotos subidas a las redes sociales junto a Nicolás Maduro, presidente de ese país, echaron más leña al fuego de la bronca.


Un grupo de hinchas fue hasta el predio de Villa Domínico para expresarle su malestar al plantel luego del clásico perdido frente a Racing.
Un grupo de hinchas fue hasta el predio de Villa Domínico para expresarle su malestar al plantel luego del clásico perdido frente a Racing. Crédito: Matías Martinez

De su padre no había noticias y, desde hace bastante tiempo, el resto de la comisión directiva permanece ausente, sin voz ni voto en las decisiones. Solo Héctor «Yoyo» Maldonado, secretario general y mano derecha de los Moyano, se deja ver en los partidos y aclara las cuestiones más candentes. No existen cuadros intermedios, no hay una estructura operativa real, ni tampoco una delegación de responsabilidades en estamentos inferiores. Nunca se concretó la llegada de un manager y las decisiones futbolísticas dependen de personas que carecen de los conocimientos suficientes. La impresión del socio es que faltan compromiso y capacidad para atender la actividad y las necesidades de un club con más de 100.000 socios y una hinchada que ve cada vez más insatisfecha su demanda de grandeza y títulos.

En el capítulo económico, las deudas y demandas se acumulan y la espada de Damocles de una sanción de la FIFA pende sobre el club, que debe cancelar lo que debe a Torino por el pase de Gastón Silva y a Defensor Sporting por el de Carlos Benavídez.

Lo sucedido en el reciente mercado de pases explica por sí sola la actualidad de Independiente. Ningún fichaje y un desmantelamiento que no fue mayor por simple carencia de ofertas. Este verano se fueron Nicolás Figal, Nicolás Domingo y, cedidos en préstamo, Cristian Chávez, Sebastián Palacios y Francisco Pizzini. Todavía está pendiente la posibilidad de que Alan Franco se marche a Los Angeles Galaxy (ofrece 2,3 millones de dólares por 50% del pase) y tal vez Martín Benítez en préstamo a Brasil. El último en abandonar la nave fue Pablo Pérez, y el acuerdo para la rescisión de su contrato, además de dejar al equipo sin su hombre más lúcido, exasperó a un plantel que en diciembre pasado llegó a hacer huelga y a no ir a entrenarse, por falta de pagos.

Ayer, en su encuentro con la prensa, Silvio Romero señaló que «los dirigentes están haciendo esfuerzos y empiezan a solucionarse los problemas con las deudas al plantel», pero sus palabras no lograron acallar las quejas de quienes les apuntan a los jugadores. «No quisieron ganar», se leyó en las redes, y por ahí se explica que un numeroso grupo de socios esperara a los futbolistas a la salida del predio de Villa Domínico. Volaron insultos y reproches de todo tipo. Y aunque no hubo episodios violentos, el malestar se hizo evidente.

Lo que ocurrirá esta noche en el Libertadores de América es una verdadera incógnita. Las opiniones se dividen entre quienes quieren manifestar sus quejas y los partidarios del «aliento a pesar de todo». Incluso hubo propuestas de abandonar el histórico saludo del equipo al entrar a la cancha, «porque a estos jugadores les queda grande», y de pedir un llamado anticipado a elección (prevista para diciembre de 2021).

Independiente debutará hoy por la Sudamericana. El partido tiene importancia para el devenir del año, pero en medio de esta situación parece lo de menos. El terremoto es muy fuerte, tanto que incluso mueve los cimientos del reino futbolístico de los Moyano.

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