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Australian Open: Alexander Zverev, el tenista que abandona sus demonios y quiere sentarse en la mesa de los grandes



Fuente: Reuters – Crédito: Kim Hong-Ji

Alexander Zverev es la excepción a la regla de la compostura germana: es un talento irreverente, con una serie de excesos y exabruptos más comunes en otras latitudes. Tiene 22 años, nació en Hamburgo, está instalado en el puesto 7° mundial, consiguió
tres Masters 1000 (Roma, Canadá y Madrid), aunque apenas obtuvo un trofeo durante el año pasado, un ATP 250 en Suiza. La promesa de alcanzar la cúspide que lanzaron los especialistas un puñado de temporadas atrás, chocó con la otra realidad en 2019.

Perdía la compostura, escondía el talento. Algo de eso le ocurrió el 6 de enero pasado, durante la atrapante Copa ATP. No podía dominar su servicio y, a partir de allí, lo atraparon los demonios. «No lo entiendo. No puedo pegar un solo saque correcto. Simplemente no puedo. Decime, ¿qué debería hacer? Mis golpes desde el fondo están bien, todo funciona correcto. Pero no puedo pegar un solo saque como corresponde». Gritó al viento durante la derrota frente al griego Stefanos Tsitsipas, otra de las jóvenes promesas, durante el 6-1 y 6-4. Perdió los tres partidos.


Una imagen que Zverev quiere dejar atrás: romper raquetas como sinónimo de sus enojos
Una imagen que Zverev quiere dejar atrás: romper raquetas como sinónimo de sus enojos Fuente: AFP – Crédito: Minas Panagiotakis

Una leyenda, Boris Becker, el entrenador del equipo alemán, no quería ni mirarlo. Buscaba una complicidad con el cielo, con los ojos cerrados. Alexander, su padre y entrenador, contenía las lágrimas. Tomó la raqueta y la impactó contra el cemento, una, dos, tres veces. Quedó destruida, como su moral. A punto tal que Irina, su madre, le recriminó su comportamiento en vivo y directo.

«Probablemente mi mamá fue la que realmente me dio la técnica hasta que yo tenía 13, 14 años; mi papá viajaba más con Mischa y mi madre era básicamente mi principal entrenadora. Era muy técnica, era la que quería la foto perfecta», contó alguna vez. En el tenis, la cabeza es el golpe más importante. Sobre todo lo demás: la derecha, el revés, las sutilezas, las piernas. Y en menos de dos semanas, Zverev recompuso su clase con golpes maravillosos y una personalidad algo más controlada. En Melbourne, incluso, sonríe.

Es el más joven, con 22, de los ocho jugadores que alcanzaron los cuartos de final del primer grande de la temporada. Acaba de bajar a Andrey Rublev, el ruso que tiene la misma edad y que estaba invicto en el año, llevaba 12 triunfos en serie y había conseguido los títulos en Adelaida y Doha. Le propinó un sólido tripe 6-4. Ahora, lo espía Stan Wawrinka, que el próximo 28 de marzo cumplirá 35 años, con otra vuelta de tuerca a su talento inoxidable. Le ganó a Daniil Medvédev, el nuevo chico malo del tenis, en cinco sets. Será el único choque de dos generaciones: el resto, son viejos estrategas en el juego de las raquetas que engañan al tiempo.

Le falta un golpe sobre la mesa en un grande al alemán. Esta es la tercera vez que alcanza los cuartos de un Grand Slam, luego de escalar esa muralla en 2018 y 2019 en Roland Garros. Nunca pasó a las semifinales de un grande.

Los otros cruces tienen nombres, apellidos y… edades, lo que confirma el duelo desigual con Zverev. Tennys Sandgren (28 años)-Roger Federer (38), Milos Raonic (29)-Novak Djokovic (32) y Rafael Nadal (33)-Dominic Thiem (26). De todos ellos, el austríaco es el más joven, pero le lleva cuatro años a Zverev y, además, no se encoge en las citas estelares. Fue finalista dos veces de Roland Garros.

Stan, campeón en Melbourne en 2014, debería ser un espejo perfecto para Zverev. No solo es talentoso: su voz suele refrescar la mente de las cabezas más inestables. Cuenta por qué sigue en el circuito: «Sigo disfrutando del tenis y creo que siempre lo he hecho. La clave de seguir a este nivel con esta edad es que sigo disfrutando al máximo. Sé que estoy en la recta final de mi carrera y es por eso que cada partido intento dar lo mejor de mí, ya que no se sabe cuando será el punto final». Y lanza un mensaje, que bien podría ser para Zverev: «Me siento muy bien y sé que estoy en el lugar correcto. Ganar o perder no muestra si te sentís bien mentalmente. Yo, al igual que los otros tenistas, trabajo en eso. Trabajás para saber sufrir, saber no venirte abajo cuando peor estén yendo las cosas y trabajar para mejorar con el paso del tiempo».

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