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Argentina Open. Casper Ruud, el noruego que quiere brillar con la ayuda de Rafa y Toni Nadal



Casper Ruud el noruego que pisa fuerte en Buenos Aires Crédito: Argentina Open

Atento, distendido, suelto. Salió del court central, dueño de su primer triunfo de la temporada sobre polvo de ladrillo. Sus 21 años le dieron la energía y la potencia necesaria para la conquista. El clima templado, el marco justo para no
morir de calor. Fresco, sonriente, pensante. El disciplinado tenista se muestra auténtico. Atraviesa el mejor momento de su carrera con desfachatez y templanza propia de su edad. Noruego de pura cepa, camina por el
Argentina Open y disfruta de su presente.
Casper Ruud, el tenista que alcanzó su mejor puesto en el ranking y busca superar los logros de su papá.

Ruud alcanzó el puesto 45 del ranking ATP, su mejor posición desde que dio el salto profesional en 2015. Fruto de su trabajo, perseverancia y obsesión con su tenis, logró imponer su juego y disfrutar el presente. Cerró 2019 con su participación en el Next Gen ATP Finals, el torneo que reúne a los mejores tenistas menores de 21 años; todo, luego de llegar a las semifinales de Kitzbühel y San Pablo, final en Houston y tercera rueda en Roland Garros. Un año movido, e intenso, que incluyó la rareza de enfrentarse con Leander Paes -en el dobles del US Open-, rival de… su padre.


Casper Ruud el noruego que pisa fuerte en Buenos Aires
Casper Ruud el noruego que pisa fuerte en Buenos Aires Crédito: Argentina Open

«Después de la Copa ATP de enero me metí en el top 50, lo cual fue un gran logro, pero que se dio como resultado de todo el trabajo, las cosas que hice durante el año. En 2019 gané muchos puntos, hice buenos torneos y este año tocará la tarea de defender esos puntos. Es un gran desafío, pero siempre hay que mirar para adelante y ser positivo», describe Ruud a LA NACION, antes de su segundo partido en Buenos Aires.

Parte de sus logros se los debe a sus cambios de entrenamientos, ya que se sumó a la Academia de Rafael Nadal. En Mallorca pudo -y lo sigue haciendo- entrenarse con el propio Nadal, pero su principal coach en esos días es Toni, el tío del número 2 del mundo. Con él pasa largas e intensas horas de prácticas.

Ruud se impuso por la primera ronda frente al español Pablo Andujar 6-2 y 6-3. Al día siguiente superó, junto a Jaume Munar, su encuentro por el dobles frente a Facundo Bagnis y Federico Delbonis por 7-5 y 6-3. Este miércoles, en el tercer turno del court central, se medirá frente al español Roberto Carballés Baena.

«Creo que lo que cambié en mi juego es la intensidad con la que lo hago ahora, y eso lo aprendí con los Nadal. Tener la posibilidad de entrenar con ellos fue algo positivo. Él se entrena con una intensidad altísima; es admirable. Yo con 22 años debería tener aún más, así que trato de aprender de Rafa. Y es difícil, porque físicamente es un gran desafío alcanzar eso y sobre todo mantenerlo, pero es parte del juego», explica acerca de esas sesiones.

«Toni es muy estricto y es muy claro con sus opiniones, sus decisiones y estilo. Es un gran entrenador, trabaja con cada uno de manera individual. Es súper estricto y te presiona para sacar lo mejor de vos. Creo que siempre está desafiando tus límites para ver hasta dónde podés llegar. Eso lo hace intenso, pero es algo sumamente positivo y un aprendizaje constante. Por suerte lo disfruto, es un honor, y los resultados y el crecimiento se están dando», añade entusiasmado.

La familia Ruud es sinónimo de tenis en Noruega. En Oslo, Christian, su padre, es ídolo absoluto. Fue él quien logró poner a su país dentro del mapa tenístico. Llegó a ser número 39 en 1995, jugó una final ATP y ganó 12 títulos en la categoría Challenger. Además disputó 22 series de Copa Davis, la última con 45 años. Padre joven, es cómplice de su hijo. Fue Christian quien lo tentó con la raqueta, y sin presiones lo fue guiando por el camino.

«Mi papá es el mejor tenista de la historia del país. Fue número 39 y cuando me preguntan si quiero romper sus récords, la respuesta es sí, obviamente. Y si alguna vez llego a alcanzarlo y superarlo yo seré el jefe, pero hasta que no lo haga, él sigue siendo el jefe», dice desafiante el único hijo varón de la familia.

-¿Cómo es la relación con tu padre? ¿Cómo se llevan en los viajes y tantos meses de gira? ¿Aprendieron a separar los roles?

-Nos llevamos bien, siempre tuvimos una buena relación. Cuando tenía 15 años empecé a trabajar con Pedro Rico, porque a esa edad, hasta los 17, no es divertido tener a tu papá todo el día encima, dando vueltas. Él también lo entendía así, así que estuvo de acuerdo y fue ese el arreglo: trabajábamos juntos, pero él más de apoyo, desde afuera. Siempre tuvimos una gran relación, y le debo gran parte de mi éxito a él, porque siempre fue el que me puso los límites, me guió, me dio consejos, me mantuvo serio y concentrado, sobre todo sabiendo de dónde venimos. Noruega no es la cuna del tenis y con su experiencia me supo guiar. Es bueno tenerlo a mi lado.

-Noruega es un país que se distingue por tener grandes deportistas en los deportes de invierno, y el tenis está un tanto relegado. ¿Cómo ves el desarrollo del deporte allá?

-Noruega es más que nada deportes de invierno: esquí, hockey, snowboard, tenemos grandes atletas ahí. Pero también tenemos ahora muy buenos deportistas a nivel internacional en deportes convencionales como atletismo, golf, fútbol… Están creciendo estos deportes y eso es bueno. Creo que se está dando un horizonte positivo fuera de los deportes de invierno, lo que es un gran desafío. Viene toda una camada de jóvenes atletas que sube el nivel, crece la competencia y empieza a abrir puertas, lo que lo hace más divertido.

-¿Cómo fueron tus comienzos? ¿Te encontraste con alguna barrera en esos tiempos?

-Cuando era chico jugaba casi todos los fines de semana con otros chicos noruegos algún torneo y era divertido, muchos partidos. Además siempre era el mejor de mi categoría y siempre está bueno ganar. Pero cuando tenía 12 o 13 años empecé a viajar para probarme y jugar contra otros jugadores de mi edad. Fue mi padre el que me guió, pero yo también tomé conciencia de que, si no viajaba y ganaba experiencia fuera de Noruega, no iba a llegar muy lejos. Sumado a que allá son seis meses de jugar en indoor y seis en polvo de ladrillo, por lo que viajar estaba implícito.

-Más allá de tu padre en Noruega, no hubo otros tenistas de elite, ¿quién fue tu ídolo de la infancia? ¿A quién buscabas imitar?

-Siempre me gustó más jugar sobre polvo de ladrillo, por eso donde busqué mayores viajes y competencia fue en España. Mi ídolo fue siempre Rafa, lo que me llevó también a inclinarme por esta superficie, por el afán de querer imitarlo. Pero después te vas dando cuenta lo difícil que es y todo el trabajo que lleva, y que uno tiene que desarrollar su propio estilo. Hay que entrenarse y aprender para mejorar, no hay otro camino.

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