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Al interior de Boca: el viaje de los hinchas de todo el país para llegar a la Bombonera



Los socios hacen enormes travesías para poder mirar un partido en la Bombonera. Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri

Son las 7 de la mañana y con los primeros rayos de la costa parte el micro desde Necochea hacia la
Bombonera.
El partido empieza 19.40, pero los 56 hinchas de
Boca ya están listos para emprender
un viaje de siete horas hacia lo que para ellos es un templo. Rocío Muñoz encabeza las acciones y se asegura que cada uno de los socios tenga un lugar. El trayecto desde la ciudad balnearia es largo en el «Necobus», un micro local de larga distancia que contratan todos los domingos en que el xeneize juega de local. «Hacemos una parada de media hora en Castelli para que vayan al baño y les entregamos una lata de gaseosa y un pebete de jamón y queso», describe Muñoz, una abogada de 32 años que es una de las socias referentes de la ciudad costera. Ella misma se encargó de enfriar las bebidas y conservarlas en una heladerita durante toda la autovía 2.

El espíritu de ir a la cancha desde lejos es compartir el viaje con personas que también tienen el mismo sentimiento por Boca: los socios financian entre todos el pasaje de ida y vuelta en un micro que los espera en el estacionamiento.
Desde Necochea el viaje cuesta $2.000. Durante el viaje, Muñoz les prepara juegos y sorteos. Apenas le queda un tono arenoso en la voz, porque la necesitó en el camino para continuar generando el sentido de pertenencia en el micro.

Los socios del interior se reúnen y se mezclan en el
Polideportivo Quinquela Martín, ubicado junto a la pensión que alberga a más de ochenta deportistas, entre futbolistas y basquetbolistas. Es un gimnasio amplio en el que colocan puestos de Departamento de Socios para que puedan sacar su carnet de adherentes. Allí abundan las fotos, las charlas y los mates.
«Para muchos es la primera vez que vienen a la cancha, es una ilusión enorme poder ayudar a un hincha como yo para que pueda cumplir su sueño», explica Oscar Balmaceda de la peña de Pérez -a 11 km de Rosario- mientras un grupo de La Rioja se organiza al frente para sacarse una foto multitudinaria.


La peña de La Rioja
La peña de La Rioja «Raul Cascini» se reúne en la puerta del polideportivo para una foto improvisada. Crédito: Peña de La Rioja

Miguel Dinópulos, presidente de la peña «Raúl Cascini», salió con su grupo un día antes y así transitó los casi 1.200 km que separan a la capital riojana de la cancha de Boca. No está cansado por el viaje, está extasiado porque se encuentra rodeado de socios como él, movilizados por la pasión. «La vuelta se hace un poco más larga, porque a la ida vamos todos cantando y alentando», dice.

Es todo a pulmón. En sus trabajos, en sus casas o con sus amigos piensan en la logística de acercarse a la Bombonera. Con esa tribunas verticales, las tres bandejas pintadas con los colores del club y un estadio lleno, la hinchada se une en una sola voz, que no distingue procedencias. «Todos tenemos las mismas estrellas adentro», expresa Carlos Colombo, miembro de la comisión directiva de Jorge Amor Ameal y presidente del Departamento de Interior y Exterior. Nació y vive en Capilla del Señor un pueblo ubicado a 80 km de la Capital y organiza el operativo para que desde las 13 los micros de las peñas y los socios puedan acercarse a la Bombonera para hacer trámites, descansar y conocer a otros socios.

«Ameal siempre decía que para hacer un guiso de liebre hay que tener una liebre primero. Entonces, para hacer una comisión del interior tenemos que tener personas del interior», reconoce Colombo para explicar que sus colaboradores son oriundos de distintas partes del país. Eso les termina de dar la identidad;
ya no usan sus apellidos sino el nombre y su lugar de origen: Rocío de Necochea, Oscar de Pérez y Miguel de La Rioja.


Los socios de Necochea junto al micro Necobus, que tiene una capacidad para 58 personas.
Los socios de Necochea junto al micro Necobus, que tiene una capacidad para 58 personas. Crédito: Boca Interior

A medida que se acerca el horario del pitazo inicial, el ritmo del ambiente se acelera. Los celulares suenan al unísono y las urgencias se atienden primero. Miguel Ripoll colaboró 20 años en la peña de Olavarría, en donde vive y trabaja. Cualquiera que pase por ahí atina a saludarlo. «No sé cuánto lo van a entender a Boca, es indescriptible», comenta mientras se emociona mirando a los socios del interior que pululan por el gimnasio.

El partido ante Godoy Cruz está a punto de comenzar. Los socios se alejan del Quinquela para encontrar una buena ubicación en el estadio.
Los goles de Tevez y de Salvio sellaron con broche de oro
la ilusión de estos viajeros que deben emprender el regreso a casa, con la disyuntiva de contar con un rincón de la Bombonera como parte de su hogar.



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