Argentina

Murió el tecladista Lyle Mays, uno los motores de Pat Metheny Group


Lyle Mays Crédito: Facebook Lyle Mays

El
tecladista estadounidense
Lyle Mays, uno de los motores musicales de
Pat Metheny Group, murió ayer en Los Angeles, a los 66 años.

Cuando el músico argentino Pedro Aznar se enteró de su partida, escribió en su cuenta de Twitter: «Lamento con todo mi corazón la pérdida de un alma tan fina y un músico inigualable como Lyle Mays. Hacer música a su lado fue una de las cosas más hermosas que me regaló la vida. ¡Mi cariño, respeto y admiración por siempre, Maestro!».

No serán muchos los que, como Aznar, puedan escribir la frase «hacer música a su lado fue una de las cosas más hermosas…». Sin embargo, pensar que era un alma fina y que eso se traducía en la música que hacía puede ser un sentimiento compartido por muchos amantes del jazz fusión.

El comunicado de la muerte de Mays fue un eufemismo al que se recurre en la partida de gente que ha peleado mucho los últimos años de su vida: » Es con gran tristeza que tenemos que informar el fallecimiento de nuestro amigo y hermano, Lyle Mays (1953-2020). Falleció en Los Ángeles, después de una larga batalla con una enfermedad recurrente, rodeado de sus seres queridos». El escrito fue publicado en la web del guitarrista Pat Metheny, junto con quien Mays fundó el Pat Metheny Group, hace varias décadas.


Lyle Mays
Lyle Mays Crédito: Facebook Lyle Mays

Mays había nacido en Wausaukee, Wisconsin, el 27 de noviembre de 1953. Publicó 14 discos con el Pat Metheny Group, entre 1978 y 2005, en los que participó como tecladista, compositor y arreglador. También trabajó como sesionista de bandas y solistas como Joni Mitchell, Rickie Lee Jones y el Earth, Wind & Fire. Registró discos en solitario: su debut,
Lyle Mays (1986),
Street Dreams (1988),
Fictionary (1993) y un disco de improvisaciones, en 2000.

Hombre de larga cabellera, de dedos largos y delgados, logró que su trabajo se distinguiera más por la sutileza que por el virtuosismo. Quedará como uno de los responsables de incorporar desde los teclados (así como Metheny lo hizo de manera inapelable con la guitarra) nuevas sonoridades para el jazz que se resignificaba, a partir de la década del ochenta.

Pat Metheny dedicó varios párrafos a su amigo y compañero de ruta de tantos años.»Lyle fue uno de los mejores músicos que he conocido. A lo largo de más de 30 años, cada momento que compartimos en la música fue especial. Desde las primeras notas que tocamos juntos, tuvimos un vínculo inmediato. Su amplia inteligencia y sabiduría musical nutrieron cada aspecto de quién era en todos los sentidos. Lo extrañaré con todo mi corazón», señaló.

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